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El cierre de la COP25

La hora de exigir

Fernando Villar / EFE

La hora de exigir

Sonia Andolz

Los estados siguen siendo la causa y la solución de todos los problemas globales

La COP25 celebrada en Madrid estos días ha acabado con retraso y sin grandes avances. Los estados más proactivos en la lucha por la emergencia climática han intentado hasta el último momento lograr un acuerdo más ambicioso. El resto de estados, productores o consumidores egoístas, han bloqueado esa posibilidad. En el sistema político mundial actual, los estados siguen siendo la causa y la solución de todos los problemas globales.

Como actores principales del sistema, siguen teniendo en sus manos las llaves normativas, dictando las reglas y conformando así el marco en el que nos movemos todos. Esos estados ya no son ni autónomos ni independientes: han perdido soberanía frente a empresas transnacionales e intereses económicos y son cada vez más dependientes respecto a no solo otros estados sino también al propio sistema. El sistema está lleno de desigualdades: la desigualdad entre países industrializados y consumidores, y países en vías de industrialización pero con recursos naturales; la desigualdad entre la capacidad de influencia de empresas y grandes lobis empresariales y organizaciones no gubernamentales o sin ánimo de lucro y, por último, la desigualdad, que parece disminuir muy poco a poco, entre sociedades concienciadas y movilizadas y aquellas que no. Ahí reside el espacio, pequeño, para la esperanza.

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Las ciudadanías del llamado Norte Global parecemos avanzar en la concienciación de pertenecer a un único espacio. Esta concienciación, sin embargo, es lenta e insuficiente y parece más movida por modas efímeras que por valores realmente asentados en nuestras prioridades políticas. Las movilizaciones masivas no se traducen suficientemente en representación política ni exigencia de rendición de cuentas. El sistema de democracias liberales con mercado libre y capitalista nos proporciona unas vidas que, dentro de un gran abanico, cubren necesidades y llenan caprichos y, sobre todo, nos conducen a consumir de nuevo.

No quedarse atrás

Esta rutina consumista insaciable desincentiva que paremos, pensemos y cambiemos hábitos. El sistema es tan competitivo, rápido y cruel con el individuo que es fácil sentir la necesidad de seguir funcionando para no quedarse atrás. Para no retroceder en las condiciones salariales, para avanzar, mejorar, vivir mejor. Pese a las últimas crisis económicas, del retroceso en el Estado del bienestar y en la creciente grieta entre las clases medias y las altas en muchos países del Norte Global, seguimos corriendo en la rueda del hámster de nuestras rutinas sin darnos cuenta de forma masiva y firme que debemos parar.

De no hacerlo, estaremos acelerando no solo el final de estas rutinas y privilegios sino del propio sistema internacional que hemos construido. Somos causantes de la emergencia global desde varias perspectivas: en tanto que constructores (o cómplices) del sistema de mercado libre; en tanto que consumidores efímeros y cambiantes; y en tanto que ciudadanos de países que se han beneficiado durante décadas del abuso y expolio de recursos de otros. Este extractivismo ecológico basado en dinámicas coloniales debe acabar ya.