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Final de carrera

El Tricicle.

JOAN CORTADELLAS

Y llegan los premios

Carles Sans

Escribo este artículo desde Jerez de la Frontera. En el mismo hotel en el que nos instalamos hace 10 años cuando nos entregaron la Medalla de Oro de las Bellas Artes. La coincidencia de estar en el mismo lugar me ha hecho pensar en mi amigo Bigas Luna, al que tanto echo de menos, que junto a Celia, su esposa, nos acompañaron aquel día en el que también se premió, entre otros, a Julio Iglesias, la duquesa de Alba o al querido Ángel Pavlovsky.

uele pasar que al final de una larga carrera, a un escritor, un músico o un artista destacado se le reconozca con homenajes de mayor o menor reputación. Los premios siempre son bienvenidos para quien los recibe, y a veces desestimados por quienes nunca los reciben. Tras 40 años de experiencia, he descubierto que la mayoría se reciben al comienzo de la trayectoria, luego cae alguno en la consolidación, y vuelven a ser más numerosos cuando anuncias la retirada.

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Ahora que hemos comunicado que nos despedimos de los escenarios la próxima temporada en Barcelona, nos galardonan por nuestra trayectoria. Al comienzo nos lo daban por la brillantez de una compañía nueva con gran éxito de público y audiencia. Ahora lo hacen en reconocimiento de nuestros éxitos y por nuestra contribución al mundo del espectáculo. En cualquier caso, siempre resulta de agradecer que te reconozcan públicamente. ¿Cuántas personas habrán hecho cosas maravillosas, en grupo o individualmente, y nadie se lo ha reconocido nunca? Millones. Seguro.

Los premios, de todos modos, hay que relativizarlos. No siempre nos parecerán justos a todos. Aquellos que hemos sido alguna vez jurado conocemos la fragilidad de algunos argumentos que acaban decantando la balanza a favor de uno y en perjuicio del otro. 

Estamos felices porque nos acaban de anunciar otro reconocimiento, no puedo decir cuál, aunque les digo una cosa: el mejor premio de todos, aunque suene a tópico, es el del reconocimiento diario del público que aplaude al final de la función. Ese es auténtico, porque no es formal, es sincero. 

Temas: Teatro