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Editorial

Una crisis monárquica en el peor momento

La implicación del príncipe Andrés en el 'caso Epstein' salpica a la familia real en pleno caos del 'brexit'

El Periódico

El príncipe Andrés, duque de York, en un desfile en el 2015.

El príncipe Andrés, duque de York, en un desfile en el 2015. / JUSTIN TALLIS (AFP)

En el momento más inoportuno, en plena campaña electoral que debe desembocar en un desenlace del tortuoso camino del 'brexit', la Corona británica se enfrenta a un escándalo que afecta al príncipe Andrés. El duque de York ha anunciado que deja la vida pública como miembro de la familia real después de una desastrosa entrevista en la BBC en la que, lejos de despejar las sospechas de su relación con el multimillonario Jeffrey Epstein, ha empeorado su situación. El tercer hijo de Isabel II admitió su relación con Esptein, que se suicidó en su celda tras ser detenido por un escándalo de pederastia y tráfico sexual de menores.

La entrevista resultó catastrófica para el príncipe, hasta el punto de que varias empresas y universidades implicadas en proyectos que lidera Andrés anunciaron que abandonan su relación con un miembro tan relevante de la realeza británica. En el Reino Unido, la prensa ya habla –con cierta exageración– de un segundo 'annus horribilis' para la Monarquía, en un año en que a causa de las maniobras de Boris Johnson la propia Reina se ha visto salpicada por el tóxico debate del 'brexit'. Sea o no otro 'annus horribilis', es cierto que Isabel II de nuevo se ve sumida en una crisis motivada por sus hijos.

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El momento tampoco es el mejor. Andrés lleva tiempo practicando un estilo de vida de playboy, y Buckingham no ha sido capaz de poner coto a sus excesos. El caso Epstein ha puesto al duque de York en el punto de mira del FBI, y ahora la presión se renueva sobre él para que acceda a declarar con los investigadores. La imagen de impunidad que transmite el caso, unida a la entrevista en la BBC, ponen en peligro no solo al príncipe, sino la reputación de la familia real. De ahí la rápida reacción de Isabel II, consciente de que los aires de crisis que se viven en el Reino Unido hacen que un escándalo real sea lo último que necesita la sociedad británica. Aun así, está por ver si apartar a Andrés bastará para evitar una crisis mayor. La percepción de impunidad de la realeza en tiempos de crisis es nociva para la institución.