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Desafección política

Manifestación contra la reforma laboral y los recortes, en Madrid.

JUAN MANUEL PRATS

Vox, la muerte y la primavera

Ricard Ustrell

Si el acuerdo Sánchez-Iglesias no pone a la gente en el centro del debate, el país será fulminado en breve

La ciudadanía cada vez siente más desconfianza hacia los políticos. Lo decían el CIS, en los últimos datos publicados, donde un 72,5% expresaba sentimientos negativos, pero también los resultados de las últimas elecciones españolas. Los ciudadanos somos nietos de la desafección política -de la que ya alertaba José Montilla hace 12 años-; hijos de la desconexión de España de muchos catalanes y de muchos españoles respecto a Catalunya -de la que ya advertía Iñaki Gabilondo hace cuatro años-; y presentes de una profunda crisis social que hace más de 10 años que dura y expulsa a gente del sistema. La extrema derecha, claros ganadores de las últimas elecciones, se hace fuerte precisamente por esta profunda debilidad política. Por eso, el pacto entre Sánchez y Iglesias era necesario, para apretar 'pausa' en la película, pero en ningún caso para resolver de otra forma el final fatal.

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Si lo comparamos con Alemania, Francia o Italia, la fragmentación parlamentaria y los pactos amplios, los reequilibrios de poder, no han solucionado la irritación de la gente, la han empeorado. Han continuado los proyectos vacíos de alma y esto ha hecho crecer aún más la extrema derecha y las múltiples protestas. Si el pacto, pues, no revisa el corazón y el cerebro del sistema, que ahora sangra por todos lados, si no es un pacto con la calle, que pone a la gente en el centro del debate, el país será fulminado en breve.

Hace poco fui a ver 'La mort i la primavera', de Mercè Rodoreda, dirigida por Joan Ollé. Es una obra oscura, una pesadilla cruel, que asusta. Explica un mundo que está a vuelta de la esquina y que Ollé ha sabido brillantemente conectar con el presente político. La obra estuvo demasiados pocos días en el TNC, pero si vuelve, que seguro que lo hará, vayan a verla. Enseña la verdad más dura, la muerte de la primavera y la primavera de la muerte. Imprescindible el mensaje: no podemos olvidar. Porque la memoria -la muerte y la primavera- es lo único que nos salvará ante tanta irresponsabilidad y poca capacidad. Mientras tanto, Vox se frota las manos.