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Análisis

Sánchez se dirige a sus simpatizantes tras conocer los resultados electorales, desde la sede del PSOE, en Madrid.

REUTERS / SERGIO PÉREZ

Nueva victoria de la izquierda, ¿gobernará?

Eulàlia Vintró

Es hora de dialogar, ceder, pactar y gobernar. Si no lo hace la izquierda con la izquierda, hay una derecha dispuesta a facilitar un Gobierno. ¡Pobres de nosotros!

La suma de los votos obtenidos en las elecciones generales del 10-N por parte de las fuerzas estatales de izquierdas supera en 54.274 votos el resultado de las fuerzas de derecha y amplía en unos 19.000 votos la diferencia también a favor de las izquierdas que ya existió el 28-A. En cualquier caso, sin embargo, se mantienen sin grandes cambios los dos bloques ideológicos. Si miramos el número de escaños, la izquierda ha pasado de 165 a 158, una pérdida de siete motivada por la ley electoral en circunscripciones pequeñas o por la aplicación de la ley d'Hondt, y la derecha ha ganado tres, de 147 a 150.

Se ha producido, además, una fragmentación superior en la representación parlamentaria de fuerzas regionalistas o independentistas que ahora llegan a 10 demostrando de manera inapelable el crecimiento del malestar de la ciudadanía en regiones españolas que desconfían de los partidos estatales y de su falta de sensibilidad para abordar los graves problemas sociales que sufren. El ejemplo más paradigmático es el de Teruel Existe. En cuanto al nacionalismo histórico o los independentistas también hay un ligero crecimiento en escaños, uno en Galicia del BNG, dos en Euskadi, uno para el PNV y el otro para Bildu, uno en Catalunya para JxCat ya que los dos que pierde ERC se compensan con los dos de la CUP, por primera vez en el Congreso, y no experimentan variación ni Coalición Canaria ni Navarra Suma, con dos escaños cada una.

La mayoría de estas formaciones suele disimular su ideología de derechas o de izquierdas bajo el paraguas nacionalista y pueden apoyar a uno u otro bloque en función de sus intereses y de las contrapartidas que puedan obtener, lo que no facilita nada el cálculo objetivo de las posibles alianzas para la investidura y, menos aún, para la gobernabilidad futura.

Si en abril hubo una explosión de alegría y de expectativas por parte de los votantes de izquierda convencidos de que habría un gobierno progresista, si a partir de finales de mayo las ilusiones comenzaron a difuminarse y en el otoño desaparecieron con la disparatada convocatoria de nuevas elecciones, ahora predominan la perplejidad y la angustia ya que no está nada claro quién y cómo gobernará.

La derecha no puede hacerlo. No suma. La izquierda, a pesar de perder escaños, puede alcanzar la mayoría absoluta o una mayoría suficiente para la investidura y un Gobierno de coalición. Y habría que hacerlo pronto y abordando las cuestiones programáticas de fondo y no los aspectos personales, superficiales y de sillas. Hace demasiado tiempo que no hay Gobierno, que no se pueden tomar decisiones políticas importantes en materia económica, fiscal, social, inversora o climática, por mencionar sólo algunas, y que el contexto mundial no invita al optimismo.

Es hora de cerrar filas pensando en la gente y no en personalismos individuales o partidistas. Las divisiones electorales de la izquierda, Más País, han hecho perder bastantes escaños y no han mejorado la participación que, sin embargo, ha sido buena. Es hora de dialogar, ceder, pactar y gobernar. Si no lo hace la izquierda con la izquierda, hay una derecha dispuesta a facilitar un Gobierno. ¡Pobres de nosotros!