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Sánchez busca que Cs apoye un gobierno de izquierdas para sortear a ERC

El PSOE explora un pacto con Podemos, Más País, el PNV y los minoritarios al que se sumarían los naranjas

"Puede salir esa suma y la vamos a trabajar", señala Ábalos, que no descarta ahora la coalición con Podemos

Juan Ruiz Sierra

Pedro Sánchez saluda a Cristina Narbona, presidenta del PSOE, antes de la reunión de la ejecutiva del partido, este lunes.

Pedro Sánchez saluda a Cristina Narbona, presidenta del PSOE, antes de la reunión de la ejecutiva del partido, este lunes. / JOSÉ LUIS ROCA

El PSOE se acostó el domingo abatido por los resultados electorales, muy lejos de las expectativas de Pedro Sánchez cuando se convocaron los comicios, pero un día después miró el tablero político que dejan las urnas y se dijo que ahí, aunque parezca difícil, aunque haya todavía más siglas que antes y la ultraderecha se haya visto catapultada hasta el tercer puesto, había posibilidades de alcanzar un acuerdo. En principio, por la izquierda. El líder socialista, que en breve comenzará a llamar a los dirigentes de la oposición, ya no se cierra en banda a una coalición como la que sigue reclamando Pablo Iglesias, pero ese es un escenario todavía incipiente. 

El camino que quieren recorrer los socialistas pasa por lograr el apoyo de Cs a un acuerdo que incluiría a la izquierda, el PNV y los partidos minoritarios no independentistas. La suma sería esta: 120 diputados del PSOE, más 35 de Unidas Podemos, 10 de Cs, siete del PNV, tres de Más País y Compromís, dos de Coalición Canaria y los escaños del BNG, ¡Teruel Existe! y el PRC, que obtuvieron uno cada uno. Esa hipotética alianza daría 180 actas en la Cámara baja, suficientes para que Sánchez fuese reelegido incluso en primera votación, donde bastan 176 apoyos. "Puede salir una suma en ese sentido y la vamos a trabajar. Ese es el margen que tenemos", dijo tras la ejecutiva del partido el secretario de Organización y ministro de Fomento, José Luis Ábalos.

Alguno de estos posibles aliados se podría descolgar sin comprometer el desenlace. Pero el voto a favor de los naranjas, traumatizados por su debacle electoral la dimisión de Albert Rivera, sería indispensable para sortear el concurso de los 13 representantes de ERC, algo que Sánchez quiere evitar. Los socialistas asumen que es difícil que Cs, que viene de aliarse con el PP y Vox en todos los territorios donde ha podido, pase ahora a votar a favor de un gobierno de izquierdas, pero creen que el vértigo a otra repetición electoral puede provocar el giro.

Si no se produce, y para comprobarlo quedan probablemente semanas, en el PSOE no se descarta buscar la abstención de los republicanos. Pero preferiría prescindir de ella. Ábalos se limitó a señalar que seguirán "intentando no depender de los independentistas", pero evitó contestar a la pregunta de si llamarán a los republicanos. La idea, en principio, es buscar primero a Cs y si este movimiento no sale adelante, mirar a ERC ante la ausencia de alternativas.

Otras circunstancias

Y luego está Unidas Podemos. La falta de entendimiento entre Sánchez y Pablo Iglesias provocó la repetición electoral, y las críticas cruzadas entre ambos dirigentes han ido a más durante la campaña, pero esta vez los socialistas no rechazan de plano una coalición. Ábalos repitió en varias ocasiones que "las circunstancias ahora son otras", y aunque eludió cualquier autocrítica por el resultado obtenido (tres diputados y 700.000 votos menos que abril) sí dijo que habría cambios en la forma de "actuar" en las negociaciones. Varios integrantes de la ejecutiva salieron de la cita con la impresión de que Sánchez pondrá esta vez más ahínco en forjar un pacto. "Ahora veo determinación en conseguirlo. Todo lo contrario de lo que vi tras las elecciones de abril", señaló un miembro de la dirección.

Los socialistas creen que el acuerdo con los partidos minoritarios no debería ser difícil, porque sus reivindicaciones son de tipo territorial, basadas en la necesidad de mejoras en sus autonomías o provincias. De momento, el PNV pidió a Sánchez un acuerdo "por la izquierda" y subrayó la "urgencia" de encauzar la legislatura. ¡Teruel Existe! anunció su disposición a dar "apoyos puntuales" para evitar el bloqueo.

Y si ninguna de estas vías sale adelante, al PSOE todavía le queda explorar la abstención del PP, aunque por sí misma no garantizaría la investidura porque Sánchez debería contar también con otros grupos. Es una opción, en todo caso, que los socialistas consideran poco probable. "No cabe esperarla. El margen del PP es muy escaso por la presión de la ultraderecha", dijo Ábalos.

Críticas internas

Mientras tanto, ante el relativo fracaso de esta operación electoral, dirigentes del PSOE empiezan a reclamar "responsabilidades". Lo hacen siempre en privado, y las críticas no tienen nada que ver con la virulencia de épocas pasadas, que llevaron a Sánchez a dimitir en el 2016. Ahora las miradas se dirigen a Iván Redondo, jefe de gabinete del presidente en funciones.

Redondo es un personaje extraño dentro de la tradición socialista. Antiguo asesor de políticos del PP (como José Antonio Monago Xavier García Albiol), se ha convertido en la persona a quien más consulta Sánchez, y todos en el partido le atribuyen la paternidad de la idea de no volver a intentar un pacto con Podemos y acudir en su lugar a elecciones, esperando que el PSOE saliese reforzado. "Nadie más compartía esa estrategia", explica un veterano socialista. "Tenemos que limitar el peso de los alquimistas", señaló un miembro de la ejecutiva.