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EL TABLERO CATALÁN

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, junto a su vicepresidente, Pere Aragonés, y los alcaldes de Girona, Tarragona y Lleida, durante su comparecencia sin preguntas, este sábado. 

EFE / QUIQUE GARCÍA

Del gatillazo institucional al mambo

Josep Martí Blanch

Torra es un hombre sobrepasado por las circunstancias que vive en su mundo de ensoñación

En la Generalitat, toda ella (presidente, Govern, Parlament) la respuesta a la sentencia del Tribunal Supremo ha sido un gatillazo. Entre la nada, el ridículo irresponsable y el vacío. La nada en el Parlament, donde ni una triste resolución pudo aprobarse dada la incapacidad de los grupos soberanistas (JxCat-ERC-CUP) para alcanzar un acuerdo que satisficiese mínimamente a nadie. El ridículo irresponsable ha sido cosa del presidente de la Generalitat, Quim Torra, empeñado en demostrar en los momentos de la verdad su incapacidad para entender tan siquiera las obligaciones del cargo. El vacío es el Govern, que con el corchete que cierra el paréntesis que permanecía abierto a la espera de la sentencia ya no tiene a qué aferrarse y ha entrado en su fase de agonía.

Torra, que andaba ligero de ropaje institucional desde su primer día en el cargo, anda ahora totalmente en cueros. Llegada la hora de la verdad se ha evidenciado lo sabido: no cuenta con el apoyo de nadie, más allá del que puedan proporcionarle, por camaradería, un puñado de diputados de JxCat. Ni los ‘consellers’ de ERC, ni los de JXCat consideran al presidente capacitado para liderar en lo más mínimo la acción de gobierno. La gestión de la crisis de orden público y su discurso en el Parlament han sido las gotas que han hecho colmar el vaso.

Sin atributos de liderazgo

El jueves por la noche, en la entrevista concedida a TV-3, se vio lo que es en estos momentos el presidente: un hombre sobrepasado por las circunstancias, que vive en su mundo de ensoñación implorando por favor que nadie le despierte. No son los atributos del liderazgo presidencial en ningún lugar y en ningún momento, pero desde luego lo son todavía menos en estas horas graves que vive Catalunya tras la sentencia.

¿Cómo puede continuar la legislatura catalana en estas condiciones? En primer lugar por la insensatez con la que Pedro Sánchez forzó la repetición de las elecciones generales, manteniendo así el foco de atención en las Cortes. Después por algo tan fácil de entender como el interés partidario de los dos socios de Gobierno, JxCat y ERC, que aun sabiendo muerta la legislatura no quieren vestirse para el entierro.  

Esquerra quiere matar la legislatura. Y que la autopsia diga que fue una muerte natural, no un asesinato

ERC tiene clavado en su memoria el recuerdo de la factura que pagó por ensañarse con exceso con el tripartito del que formó parte. Ahora miden pasos y tiempos para no parecer desleales y que no cuaje la idea que su único interés es ganar. Aun así ya han dado la orden en los entornos en los que cuentan con complicidades para que se cree la narrativa de la necesidad de comicios. Al mismo tiempo han intensificado también los esfuerzos para sacar ventaja política de donde sea que huela a sangre de su adversario. Se ha visto esta semana con los intentos de provocar el cese del ‘conseller’ de interior, Miquel Buch, con ataques frontales de Gabriel Rufián y del presidente del Parlament, Roger Torrent. Esquerra quiere matar la legislatura, pero desea que la autopsia diga, cuando llegue el momento, que se ha tratado de una muerte natural y no de un asesinato.

Por su parte en JxCat, convencidos ya de que Torra es peso muerto, empiezan a entender que en lugar de ganar tiempo lo están perdiendo. Pero sus deberes siguen por hacer. Las conversaciones entre Carles Puigdemont y Artur Mas son un diálogo de sordos. Y están atascadas cuestiones fundamentales para poder afrontar unas nuevas elecciones catalanas: ¿Puigdemont y los suyos por un lado y el PDCAT por el otro? ¿En coalición? ¿Un único partido que siga reuniendo posiciones que son en el fondo irreconciliables?

Se les ha ido de las manos

Todo este mar de fondo explica el gatillazo institucional después de la sentencia. Como además sabían que contarían con la calle para disimular la incapacidad institucional no les pareció mala idea dejar totalmente en manos de la ciudadanía la contestación al fallo. Solo que se les ha ido de las manos y ahora corren un serio de riesgo de quedar aplastados por la orgía de violencia que se ha desatado en Catalunya. Invocaron la desobediencia civil y el fantasma que se ha presentado es el del vandalismo

Las notas del mambo que la CUP (en términos culturales el actor más victorioso del proceso) anunció en el 2017 han tardado dos años en empezar a sonar, pero ahora ya pueden bailarse de noche al calor de las hogueras en las barricadas. Mientras tanto, la gente de las 'marxes de la llibertat', representantes del que hasta ahora era el único y pacífico ADN del independentismo popular, sigue esperando que alguien les diga dónde la llevan. La respuesta es dolorosa y por eso nadie la da con claridad: sin elecciones, a ninguna parte. Y con elecciones, puede que también.