14 ago 2020

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Análisis

Un grupo de manifestantes, a la llegada de los políticos presos a la cárcel de Lledoners, el pasado 26 de junio.

MARC VILA

La amnistía, como hipótesis

Jordi Mercader

La amnistía debería formar parte de la solución global al conflicto político, intacto a día de hoy

La amnistía es el nuevo 'tour de force' del independentismo, compartido inicialmente por los Comuns, aunque no está claro que estos entiendan exactamente como JxCat y ERC la reclamación, formulada a los poco minutos de conocerse la sentencia de los dirigentes del 'procés'. Para el presidente Quim Torra, se trata, indisimuladamente, de obtener un borrón y cuenta nueva para volverlo a hacer; para Jaume Asens, sería una exigencia previa para recuperar las opciones del diálogo. Para el PSOE, muy probablemente, una hipótesis extremadamente compleja y para la derecha decepcionada por las condenas, una traición cantada de Pedro Sánchez al Estado constitucional.

La reivindicación de una amnistía tiene una fuerza política muy superior al indulto, a fin de cuentas una gracia del Gobierno que evita la pena pero no la memoria del delito, en cambio la amnistía implica, además de la libertad, el olvido del delito; y presenta un atractivo épico mucho más canónico que la simple espera a que los beneficios del régimen penitenciario  permitan a los presos salir de la cárcel. La petición cumple con los requisitos más urgentes del independentismo oficial: identificar un punto de encuentro entre los dos socios de gobierno para sustentar una apariencia de unidad, proponer a su base popular un objetivo para mantener viva la movilización y disponer de un elemento de presión frente a un eventual Gobierno de Sánchez.

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La amnistía en tiempos constitucionales presenta según los expertos alguna dificultad, en cualquier caso, nada que no pueda resolver una ley; la dificultad básica es imaginar en qué circunstancias podría el Gobierno del Estado asumir el enorme riesgo político de plantear al Congreso una medida excepcional como esta. Difícilmente, como planteaba ayer Asens, como exigencia previa a la recuperación de un diálogo de recorrido muy milimetrado por la carta magna vigente. Amnistías se aprobaron dos durante la Transición, además de un indulto real, en el contexto de una negociación entre la oposición democrática y el gobierno Suárez, en la que los primeros iban plegando las velas de la ruptura democrática para apuntarse a la reforma del segundo, no sin dificultades y lamentaciones.

Aquella negociación de los años 1976-1977 incorporó la amnistía como resultado de las renuncias de uno y otro bloque para acabar definiendo un proceso realista de transición de la dictadura a la democracia, dejando por el camino a mucho decepcionado ¿Está Pedro Sánchez dispuesto a liderar una segunda transición para enderezar la cuestión territorial, claramente perjudicada por la tergiversación prematura de los principios constitucionales? ¿Cuáles son las contraprestaciones asumibles por los partidos independentistas para asentar un compromiso pragmático que permitiera entender (y aprobar) el alcance excepcional de una amnistía?

La amnistía debería formar parte de la solución global al conflicto político, intacto a día de hoy; pensar en ella como un objetivo en sí misma es otro brindis al sol.