El auge ultra

De la vieja izquierda a la nueva derecha

Afirmarse ahora significa negar todo lo diferente que tienen delante y rescatar lo más propio, es decir, lo más rancio, lo más castizo

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Miembros de AfD protestan en un acto electoral de Merkel, en Happenheim, este viernes.

Miembros de AfD protestan en un acto electoral de Merkel, en Happenheim, este viernes. / REUTERS / RALPH ORLOWSKI

No todo es franquismo en la extrema derecha. El espectacular éxito en Europa de una derecha integrista que combina xenofobia, negacionismo climático y machismoderecha integrista, no se explica bien invocando solo rastros del fascismo. Una reciente novela francesa de Edouard Louis, titulada ‘Didier Eribon. Retorno a Reims’, ofrece una clave inquietante. El protagonista, hijo de una familia obrera, “comunista de toda la vida”, se pregunta cómo los suyos acaban votando extrema derecha. Si la novela ha tenido tanto éxito es porque en el destino de esa familia “de izquierdas” se ven reflejadas muchas otras francesas, italianas o alemanas que han pasado de un extremo a otro a través de un proceso que tampoco nos es ajeno aquí.

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En el tiempo de una generación han ocurrido muchas cosas. La globalización que se impone tras la caída del muro de Berlín ha dejado a la intemperie al mundo obrero. El protagonista cuenta la historia de su familia, instalada en una barriada confortable construida bajo el impulso social del Partido de los obreros. El tiempo, sin embargo, va ofreciendo a los camaradas del barrio posibilidades de promoción social que aprovecha quien puede que son siempre una minoría. Promocionarse significa irse. El espacio vacío es ocupado por emigrantes pobres o por nacionales marginales que alteran el modo habitual de vida y deterioran el ambiente con el hacinamiento o la delincuencia. La familia de Didier Eribon siente que los extraños son ellos, los de toda la vida. Su soledad es vivida como abandono porque observan que los poderes públicos invierten más en ayudas sociales para los recién llegados que en ellos.

El campo está abonado para que alguien venga y les diga que ellos han levantado este país que ahora se entrega a moros o rumanos. El chauvinismo entierra a la vieja Internacional. Afirmarse ahora significa negar todo lo diferente que tienen delante y rescatar lo más propio, es decir, lo más rancio, lo más castizo. El campo está abonado para los Le Pen, Vox, Salvini o los ultras alemanes (AfD) que acaban de triplicar los votos.