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LA CLAVE

Imágenes de Oriol Junqueras y Carles Puigdemont en mítines electorales.

EL PERIÓDICO

Las noches del independentismo

Luis Mauri

Malhumoradas y frecuentadas por pesadillas discurren las noches de verano en la alcoba independentista. ERC y la posconvergencia ven acercarse la batalla final en la vieja guerra por la hegemonía en el nacionalismo catalán

Desde Shakespeare, las noches de verano gozan de una fama inmerecida. Uno se acuesta deseando ser transportado a la boda de Teseo e Hipólita, los enredos amorosos de Demetrio y Helena, los hechizos desmañados de Puck, la cabeza de asno de Bottom..., pero el termómetro se encabrita y los sueños se pueblan de pesares y monstruos. Adiós, dulce fantasía.

Así discurren las noches de verano en la alcoba independentista: malhumoradas, frecuentadas por pesadillas. ERC y la posconvergencia ven acercarse la batalla final. La vieja guerra por la hegemonía en el nacionalismo puede haber entrado en la fase final. ¿Definitiva? Final, esto ya es bastante atrevido.

Con o sin repetición electoral en España, el larguísimo ciclo no concluirá hasta los comicios catalanes. Los independentistas aprovecharán el impacto emocional de la sentencia del ‘procés’. Este es el único punto de coincidencia entre las dos grandes familias, hoy escandalizadas por infidelidades y traiciones tan evidentes como recíprocas.

ERC tiene a favor el viento electoral. Ha vencido con holgura a JxCat en las generales y las municipales. Pero tres factores juegan en su contra: la carencia de un liderazgo para suplir a Junqueras, que no saldrá del Tribunal Supremo con menos de una inhabilitación; el caudillaje hipnótico de Puigdemont, listo para repetir tras haber humillado a Junqueras en las europeas, y que el hombre de Waterloo tiene en su mano, vía Torra, el botón de la disolución del Parlament. Lo pulsará cuando le convenga.

Tambores de escisión

JxCat afronta una creciente grieta interna. Las críticas al hiperliderazgo rigorista de Puigdemont arrecian, pero este no tiene hoy contestación con solvencia electoral. A lo lejos suenan tambores de escisión por el flanco moderado (y depurado: Campuzano, Pascal). Es improbable que la amenaza llegue a ejecutarse: Mas no alimentará una sublevación.  

ERC duda entre Aragonès y Torrent. La proyección y el carisma de ambos son ignotos. Tardà podría ser una opción transitoria para evitar enfrentar a los dos primeros y quemar a uno de ellos. ¿Rufián? Muy efectista en la algarabía pero pendiente de desbastar, algunos correligionarios consideran más acertado reservarlo.

En plena brega, una pesadilla común asalta a ambas familias: perder la mayoría secesionista en el Parlament. Y así discurren las noches de verano en la alcoba independentista.