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MIRADOR

Carles Puigdemont y Artur Mas, en Waterloo, el pasado miércoles.

ACN

¿Un conflicto Puigdemont-Mas?

Josep Martí Blanch

No habrá lucha en el barro entre 'expresidents' por mucho que sus proyectos difieran

Han pasado suficientes días de la cordial reunión mantenida en Waterloo entre Carles Puigdemont y Artur Mas y a las crónicas del día de autos no se han sumado acontecimientos que permitan intuir el sabor del futuro aliño de la ensalada de JxCat-PDECat-La Crida. Artur Mas valoró detalladamente el encuentro, mientras que Carles Puigdemont guardó silencio. Las palabras, o la falta de ellas, proporcionan información valiosa sobre la importancia que cada uno de los asistentes quiere dar a una reunión política. Para Mas era una cita importante; para Puigdemont, una cita.

Es sabido que coincidieron en la necesidad de un partido fuerte y en que ese nuevo artefacto debe llamarse JxCat. También llegaron a la conclusión, de cajón, que un partido requiere una dirección con nombres y apellidos. Hasta ahí la parte fácil de la ecuación. Con todo, lo más relevante es que Carles Puigdemont verbalizó que quiere liderar el invento. De ser así, cuando sea el momento de elaborar listas electorales o fijar estrategia política, nadie podrá decir que le está echando un pulso al partido porque el partido pasará definitivamente a ser él.

Integrar o apartar a los críticos

Para concretar este escenario, en las próximas semanas podría empezar el 'casting' de personal para pilotar los primeros movimientos de la nueva organización hasta su constitución definitiva a la vuelta del verano. Esto permitirá ver hasta qué punto Carles Puigdemont apuesta por una integración de todas las familias políticas que, de manera cada vez más desordenada, siguen bajo la misma semidisciplina o si, por el contrario, decide primar únicamente la fidelidad a su persona y elimina de la ecuación a aquellos que se han mostrado críticos con su estrategia o cuentan con un perfil y trayectoria labrada al margen del puigdemontismo.

Del camino escogido va a depender el protagonismo que adquiera Artur Mas. El 'expresident' está dispuesto a bregarse y a arrimar el hombro si el nuevo proyecto apuesta por la plena integración de los diferentes planetas que pueblan este universo. Pero pondrá el capuchón al bolígrafo y lo dejará caer sobre la mesa si lo que se propone es un arrinconamiento sin ambajes del PDECat y lo que representa, que va más allá de nombres y caras para situarse también en el terreno de la estrategia política, como demuestra el pacto con el PSC para repartirse el control de la Diputación de Barcelona.

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Independientemente del resultado, por debajo de la mesa seguirá el gran desacuerdo: para Puigdemont, aflojar en el conflicto con el Estado es una rendición y una asunción de la derrota que él no contempla protagonizar. Por el contrario, para Artur Mas, mantener el nivel de tensión es una manera de seguir perdiendo y alejarse de los objetivos que se persiguen, por lo que urge rectificar la estrategia.

Lo que no habrá es lucha en el barro entre expresidentes por mucho que sus proyectos difieran y hasta puede que sean contradictorios en algunos aspectos. Artur Mas no se plantea protagonizar disputas de alcance con Carles Puigdemont y menos aún públicamente. No habrá duelos ni nada que se le asemeje, no en el corto plazo. Puigdemont decidirá el futuro de JxCat y será lo que él quiera. Con la ayuda de Mas o sin ella.