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La clave

Oriol Junqueras promete acatamiento a la Constitución por imperativo legal, el pasado día 21 de mayo.

EFE / BALLESTEROS

La palabra y el pataleo

Enric Hernàndez

Privar de la libertad de expresión a representantes electos refleja la misma pulsión de intolerancia que originó el conflicto catalán y que solo servirá para enquistarlo

Tormentoso inicio de la legislatura en el Congreso. A la carga emotiva inherente a la presencia en el hemiciclo de políticos independentistas encarcelados se ha sumado la intemperancia de un buen puñado de diputados que, ignorando que el parlamento es la casa de la palabra, la han sustituido por el pataleo para intentar silenciar la voz del adversario. 

Tanto los diputados electos Oriol Junqueras, Jordi Sànchez, Jordi Turull y Josep Rull como el senador Raül Romeva y sus compañeros de filas han empleado fórmulas ‘sui generis’ para acatar la Constitución. He aquí el dato sustantivo: que, tras concurrir a unas elecciones para sentarse en las Cortes españolas, hayan cumplimentado, como el resto de sus señorías, el requisito de someterse a la Carta Magna para poder adquirir la condición plena de parlamentarios. 

El líder de ERC, Oriol Junqueras, ha acatado la Constitución y ha prometido su cargo como diputado, entre golpes a los escaños de los diputados de Vox. / DAVID CASTRO / VÍDEO: EUROPA PRESS

Pero la tensión se ha desatado por lo adjetivo: sus apelaciones a un “imperativo legal”, las denuncias sobre la existencia de “presos políticos” y la invocación del supuesto “mandato democrático del 1-O”, inasible dogma de fe de la retórica independentista que cuanto más se predica, menos se practica.

Expresiones estas que, como reza la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, ni suman ni restan nada al acto litúrgico de subordinarse a la ley fundamental. Solo son una expresión de discrepancia que una democracia no militante como la española está obligada a proteger y amparar. 

UN BIEN PRECIADO

La bancada de las derechas —no al completo, todo hay que decirlo— ha querido censurar con su pertinaz pataleo unas manifestaciones que, gusten o no, se enmarcan en el ejercicio de la libertad de expresión, un bien especialmente preciado por los diputados presos, quienes, salvo sorpresa mayúscula, no tendrán otra oportunidad de expresarse ante el pleno.

Estos líderes independentistas antepusieron sus ideales y ambiciones a las leyes, pero luego dieron la cara ante la justicia y están pagando por sus actos. Privar de la palabra a representantes electos por la ciudadanía refleja una pulsión de intolerancia que está en la raíz de este conflicto, que abunda en ambas trincheras y que solo servirá para enquistarlo.