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ELECCIONES MUNICIPALES

La ajustada lucha por la alcaldía de Barcelona

MARÍA TITOS

La ajustada lucha por la alcaldía de Barcelona

Joan Tapia

La ciudad necesita un pacto transversal y pragmático que permita superar ocho años de débiles gobiernos en minoría, pero puede ser un sueño imposible

Barcelona lleva ya ocho años con un gobierno en minoría, primero nacionalista de origen moderado con Xavier Trias y ahora populista de izquierdas con Ada Colau. Las dos administraciones han tenido cosas buenas y malas. Trias se equivocó al poner Barcelona al servicio del proyecto secesionista de Artur Mas, pero demostró 'seny'. También cierta falta de imaginación. Colau ha querido abrir el ayuntamiento a las reivindicaciones más sociales, pero se ha convertido en algo así como la Virgen de la Protesta y el ninguneo de los comerciantes y las clases medias, unida a la permisividad con los manteros, no ha ayudado a la puesta al día de la ciudad como capital catalana, española y europea.

Pero para salir de ocho años de gobierno que suda o no puede aprobar presupuestos y de la supeditación al 'procés' se necesitaría un gobierno con mayoría basado en un pacto en el que Barcelona fuera la prioridad y las posiciones identitarias o ideológicas pesaran menos. Colau rompió el pacto con el PSC creyendo que la crítica dura al 155 serviría para que Domènech subiera en las autonómicas y pasó todo lo contrario. Camino equivocado.

Ninguna encuesta ve factible que surjan mayorías separatistas o antinacionalistas que podrían agravar la división social

¿Es posible este pacto transversal por Barcelona? Una ventaja es que, como Barcelona es muy plural, las fronteras identitarias no dan mayorías. En las legislativas los primeros partidos fueron ERC, con 201.000 votos, el PSC con 198.000 y En Comu Podem con 142.000. Una ciudad diversa. En las encuestas la situación varía algo. Según la de EL PERIÓDICO, del 6 de mayo, ERC llega primera, seguida de cerca por Colau y por el PSC en tercera posición. Mas lejos quedan Manuel Valls, un candidato inteligente lastrado por la campaña a favor de otro 155 de Rivera, y el partido de Puigdemont y la antigua CDC, que cae mucho respecto al 2015. En último lugar el PP, que con Josep Bou ha tenido el mérito de conectar más que Cayetana y lograría conservar dos concejales.

No hay pues mayoría separatista para hacer de Barcelona la punta de lanza de la desconexión con España ya que entre Maragall (11 concejales) y Elsa Artadi (6) suman 17 y es casi imposible que puedan llegar a los 21 de la mayoría absoluta. Tampoco hay una teórica mayoría constitucionalista formada por el PSC (8 concejales), Valls-Cs (6) y el PP (2) pues se quedan en 16. Así la tentación de convertir el ayuntamiento en un frente contra o a favor de la independencia -que dividiría más a la ciudad- no se puede materializar. Puede gustar más o menos, pero no habrá mayoría identitaria. Tiene ventajas e inconvenientes, pero así la ciudad podrá huir mejor de ser instrumentalizada.

Una mayoría de izquierdas, ni españolista ni separatista (el PSC mas los 9 o 10 de Colau) podría llegar a los 18. Tampoco haría mayoría y sería difícil de reconducir tras el choque de la pasada legislatura. Además, ¿dónde encontraría los tres concejales que le faltan? El otro pacto no identitario posible (Maragall mas Colau) del que tanto se ha hablado podría alcanzar justo los 21 concejales aunque no es seguro. Sería también complicado porque la dos de ERC, Elisenda Alamany, fue la portavoz de los 'comuns' en el Parlament. Además, una coalición de ERC y del populismo algo dogmático de Podemos representaría solo a una parte de la ciudad.

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Podemos ir pues a que el alcalde sea, como en el 2015 y el 2011, el primero de la lista mas votada. Pero no debería gobernar a la intemperie -como Trias y Colau- sino saber articular un pacto transversal por Barcelona. Ernest Maragall lo podría hacer porque tiene la ciudad en la cabeza, pero debería renunciar a querer hacer de Barcelona una capital separatista. Y el reciente veto de ERC a Iceta dificultará mucho el pacto con el PSC. Ada Colau ya ha demostrado durante cuatro años que a los que se creen los únicos limpios, el pacto les suena a pecado. Collboni es pragmático pero va el tercero y es difícil que el 'efecto Sánchez-Iceta' le pueda hacer adelantar a Maragall. Y, ¿con quién pactaría? Con Colau y Valls al mismo tiempo. Podrían sumar, pero suena descabellado porque Colau hace gala de no cuidar a las clases medias y Valls tiende a actuar como si el nacionalismo y el populismo catalán fueran lo mismo que Marine Le Pen.

Conclusión, el pacto transversal por Barcelona puede volver a ser el sueño imposible. Habrá que votar pues por el candidato y el partido con el que cada uno se sienta más próximo, pero sin olvidar que el menos dogmático sería el más puntuado para articular el pacto por Barcelona o, como mínimo, los imprescindibles acuerdos para que la ciudad no siga medio paralizada.