25 nov 2020

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La clave

José María Aznar y Pablo Casado saludan a los asistentes a la convención nacional, este sábado en Madrid.

La derecha caníbal

Enric Hernàndez

Aznar plantó la semilla de Vox en el 2004, tras la derrota del PP por el 11-M. 15 años después, Casado sigue abrazado a la antipolítica en lugar de combatirla

En pleno naufragio poselectoral, Pablo Casado redacta su propio manual de resistencia bajo la premisa de que el descalabro del 28-A es culpa de los demás. De la irrupción de Vox. De la insolencia de Ciudadanos. Del legado tóxico de Mariano Rajoy. Táctica escapista que exime al líder del PP de la perentoria autocrítica, por cierto que sea que la severa derrota popular, teóricamente huérfana, tiene en verdad muchos padres. 

La semilla de Vox se plantó en el 2004 en la plaza de toros de Vistalegre, en Madrid. Descabalgados los populares del poder por sus mentiras del 11-M,  José María Aznar congregó allí a 10.000 fieles para oficiar una misa negra en la que presentó al PP como víctima de una conspiración del PSOE, ETA y demás enemigos de España. Por vez primera en democracia, la derecha no reconocía una derrota electoral y flirteaba con la antipolítica.

Desde las ondas episcopales, Federico Jiménez Losantos predicaba el argumentario aznarista de los opositores a Rajoy, alias "maricomplejines", que en el 2008 caerían derrotados en el congreso del PP en València. Parte de aquellos perdedores escoltan hoy a Casado; otros, como Santiago Abascal, militan en Vox y maldicen a la "derechita cobarde". 

NO SE META EN POLÍTICA

La mayoría absoluta del 2011, en plena crisis económica, consagró los principios del 'marianismo', con Soraya Sáenz de Santamaría como representante terrenal: haga como yo y no se meta en política. La pasividad de Rajoy ante la corrupción que corroía al PP propició la irrupción de Ciudadanos en el panorama nacional con un mensaje de regeneración. Y su tancredismo ante el conflicto catalán --bajo su mandato se produjeron dos consultas secesionistas y una declaración de independencia-- alimentó a Vox como alternativa patriótica de la derecha extrema.

Sirvan estos antecedentes para acreditar que el canibalismo de la derecha española no es un fenómeno nuevo, si bien es cierto que Casado, lejos de revertirlo, lo ha agudizado ad nauseamSi PP y Cs siguen compitiendo con Vox por el voto ultra, dejando huérfano al electorado de centro, a Pedro Sánchez le aguarda una plácida estancia en la Moncloa.