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Dos miradas

El expresident Carles Puigdemont, el 20 de enero, durante la reunión con el grupo de JxCat en Bruselas.

JULIEN WARNAND (EPA)

Miel y limón

Emma Riverola

Sin descartar la pulsión suicida de algunos líderes independentistas, el exhibicionismo de la rebeldía que destilan parece ser su particular caramelo de miel y limón, un bálsamo para calmar el dolor por una república atragantada

En Waterloo sigue la leyenda del indomable. Para Puigdemont y sus acólitos, entre ellos el 'president' Torra, la república catalana es una realidad. Tan solo está dormida, esperando el beso que la despierte. El cuento desbarata la defensa de los presos, también los desautorizan las exigencias del ‘expresident’ para apoyar un Gobierno de Sánchez. Son tan fluctuantes los requerimientos de JxCat que resulta imposible predecir para qué servirán los votos que recojan. También a los de ERC les cuesta caminar por la templanza. Es chocante que acusen al PSOE de ser la “muleta” de la extrema derecha cuando fueron ellos los que no aprobaron los Presupuestos más sociales de la década y abrieron la puerta a la posibilidad de un vuelco electoral. Sobre el papel, no está claro que votar a JxCat o a ERC sirva para evitar a la triple derecha. ¿Una muestra más de la propensión del ‘procés’ a la autodestrucción?

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Sin descartar la pulsión suicida de algunos líderes independentistas, el exhibicionismo de la rebeldía que destilan parece ser su particular caramelo de miel y limón. Un bálsamo para calmar el dolor por una república atragantada. Quizá sus propios votantes lo reclamen, una farsa colectiva para no sentirse estafados. Comprensible a nivel emocional, pero nefasto para la democracia. Habrá cientos de miles de votos que no se sabe si servirán para formar un Gobierno de izquierdas o para sentar a los que se relamen con un 155 eterno.