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Dos miradas

El cruasán con cuernos de la pastelería Escribà.

JORDI COTRINA

Luna menguante

Josep Maria Fonalleras

Todo es evanescente. Todo se desvanece. También los cruasanes con puntas, con cuernos, en forma de media luna

Todo es evanescente. Todo se desvanece. También los cruasanes con puntas, con cuernos, en forma de media luna. El otro día Pau Arenós lo mencionaba en este diario, en una crónica muy divertida gracias a la que nos enterábamos de que en una investigación reciente no había ningún cruasán de este tipo entre los 10 mejores cruasanes de París, que debemos suponer que es la meca de este tipo de este "pastel pequeño", que es como lo describe el diccionario. Y añade: "en forma de media luna". La forma tradicional parece que ha desaparecido o, al menos, ha disminuido de manera notable.

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El problema es más importante de lo que parece, aunque seguro que, en el mundo, debe haber tres o cuatro cosas más trascendentales que esta. Recuerdo ahora lo que decía Thomas de Quincey: "empiezas con un asesinato y acabas faltando a misa los domingos". Es decir, la (de) gradación de las formas. Hay argumentos contra los cuernos (la mejor fermentación y conservación del cruasán alargado, la facilidad para rellenarlo), pero hay un aspecto a favor del tradicional que ya apuntaba Arenós y que tiene que ver con la semiótica: el significante (la luna) y el significado (que crece). ¿Cómo dibujamos un cruasán? Y aún más: ¿cuál es el emoticono del cruasán? Piensen en ello con atención y se darán cuenta del fraude. ¿Y aquel placer inconfesable de comerlo empezando por los cuernos decapitados o dejando los cuernos para el final, separados educadamente del tronco?