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ANÁLISIS

Steve Bannon.

ALBERTO PIZZOLI (AFP)

El desparpajo de Bannon

Pere Vilanova

A la socialdemocracia le tocará defender a una Europa que Trump, Farage, Vox y otros tienen en su punto de mira

El campo de la política parece estar cambiando en estos últimos años más deprisa que nuestra  capacidad para entender el cómo y el porqué de esta mutación. Pongamos por caso, ¿un fenómeno como Steve Bannon es una de las consecuencias de estos procesos de cambio, o es uno de sus motores? La primera cosa que llama la atención, sobre todo cuando proyecta su alargada sombra en el escenario europeo, es su desparpajo, la crudeza de sus ideas y del lenguaje con el que las expresa. Y nosotros, los ciudadanos responsables y educados en política a la vieja usanza, nos llevamos las manos a la cabeza. ¿Cómo se puede ser tan rústico, tan brutal, etcétera?

En realidad nos lleva varias cabezas de ventaja, porque el tipo parece haber entendido muy deprisa que a cada vez más gente le encanta. Su estilo es el que han adoptado cada vez más las derechas más extremas, desde el brexit británico a  las versiones húngara, polaca, italiana, y entre nosotros Vox (pero no solo). Por ejemplo, llama la atención que en el lenguaje político del ciclo electoral que ahora empieza, se llevan palabras como fichajes estrella, toreros, exmilitares, negacionistas del holocausto, tardofranquistas de diverso signo. Nos parece inverosímil, porque nuestra visión de las reglas de la política pertenecen a la segunda mitad del siglo XX.

El mítin del otro día de "él", el que vuelve, Pablo Iglesias, me produjo cierta desazón. De entrada me pareció una reedición del "sermón de la montaña"” (Mateo 5, 1; 7, 28) , pero a medida que avanzaba, el recuerdo me llevó a Jesucristo Superstar . El arrobo de muchos de los presentes era tal, la emoción tan palpable, que los mítines y actos electorales de Pedro Sánchez, Albert Rivera Pablo Casado parecen aburridísimos. Pero la cuestión de fondo es la misma, la visión tradicional del espectro izquierda-derecha se resume en eslóganes repetitivos, cortos, contundentes, y su reflejo en las famosas redes, donde se ha instalado el mundo real de la política.

Los chalecos amarillos en Francia, que se manifiestan cada sábado, reúnen cada vez a menos manifestantes, pero los choques son más violentos. Aparte, en diciembre, de vandalizar el Arco de Triunfo (que en Francia es uno de los iconos de la República), lo mas chocante ha sido la profanación de una modesta placa en memoria de uno de los policías asesinados por el terrorismo islamista. La pintada decía "odio a la policía".

¿Y la socialdemocracia? No sabemos si es plenamente consciente de ello, pero le tocará defender el Estado de derecho como marco de convivencia políticas sociales, políticas redistributivas, y más que nunca, defender no solo Europa, sino una Europa que Bannon, Trump, Nigel Farage, Vox y otros tienen en su punto de mira. La tarea en cuestión necesita de un esfuerzo de reconstrucción de una cultura democrática y cívica que tiene el viento en contra, y que debería reunir amplias confluencias, incluyendo el centro y la derecha democrática. ¿Tiene que haber un brexit para que los británicos antibrexit se acuerden de que no fueron a votar?