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Ventana de socorro

Fantasías masculinas

JAVIER LIZON (EFE)

Fantasías masculinas

Ángeles González-Sinde

Apoyarse entre mujeres es una costumbre antigua y muy sana que busca compartir información y soluciones en un espacio en el que la igualdad, la libertad y la confianza están garantizadas

Esta semana se sucederán los actos de la mujer y yo, sin haberlo planeado, me he preparado una agenda, como la institucional, monotemática. Nadaré con mi grupo donde la profesora y las alumnas somos señoras. En casa conviviré con mi hija pequeña (la mayor ya vive fuera) y compartiré las tardes con Rocío, que nos ayuda ocupándose de la casa. El lunes comeré con mi madre y mi tía; martes y miércoles estaré con otras compañeras de EL PERIÓDICO en Bruselas con miembros (y miembras) de la Comisión y del Parlamento. Allí, aprovecharé el único rato libre para merendar con una amiga muy querida que es funcionaria europea. El jueves me veré con mi pandilla del cine, que toca ponerse al día, y el viernes, día 8, viajaré al Empordà para disfrutar de la compañía y el afecto de tres generaciones de mujeres de mi familia catalana.

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Tengo un amigo al que ocultaré estos planes, pues se cabrea enormemente si menciono alguna reunión femenina. Le enfurece tanto este (según él) separatismo nuestro, que no tolera que sus hermanas (son una familia muuuuy numerosa) tengan un chat de WhatsApp aparte del general. Lo encuentra excluyente, discriminatorio y si le tiro mucho de la lengua, hasta inconstitucional. Hasta tal punto tiene ojeriza a los encuentros femeninos, que una vez que su mujer fue invitada por sus amigas, le entró tal rabia que se plantó allí con ella.

No sé qué piensa mi amigo que hacemos cuando estamos a solas, pero se le debe de disparar alguna fantasía atávica en la que las mujeres despellejamos a nuestros hombres y desarrollamos planes para acabar con ellos. Siento decepcionarle. Apoyarse entre mujeres es una costumbre antigua y muy sana que busca aliviar las cargas, compartir información y soluciones en un espacio en el que la igualdad, la libertad y la confianza están garantizadas. Lo que debería preocupar a mi amigo es lo contrario: que estos momentos tan enriquecedores desaparecieran. No por ser mujeres pensamos todas igual, pero a pesar de ello, esta semana buscaremos confluencias desde el respeto y la conciencia de que, ahora sí, por fin vamos todas en el mismo barco.