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La clave

18 meses, ni un día más

MARISCAL (EFE)

18 meses, ni un día más

Enric Hernàndez

El 'republicanismo' catalán debe aclarar si esta vez concurre a las elecciones del Reino de España para contribuir a su progreso o para propiciar una regresión democrática

Bajo la marca Junts pel Sí, Convergència Democràtica y Esquerra Republicana concurrieron a las elecciones "plebiscitarias" -léase autonómicas- del 27 de septiembre del 2015 con el compromiso de "desconectar" de España en un plazo de 18 meses. Tres meses más tarde, ambos partidos se presentaron, esta vez por separado, a las elecciones generales, y el cabeza de lista de ERC, Gabriel Rufián, lo dejó bien claro: "No hay plan b; 18 meses en el Congreso, ni un día más".  Transcurridos 38 meses, Rufián se perfila de nuevo como número uno de la candidatura republicana en los comicios del 28-A, mientras que el entramado posconvergente discute bajo qué nomenclatura comparecerá -PDECat, Junts per Catalunya, la Crida...- y con qué cartel electoral.

Que Esquerra Republicana y la Crida Nacional per la República, tan republicanas ellas, persistan en participar en unas elecciones legislativas del Reino de España merecería un comentario aparte… que nos vamos a ahorrar. Porque, más que los candidatos o las siglas que las fuerzas independentistas postulen en estos comicios, la cuestión de fondo es por qué optan a ocupar escaños en las Cortes Españolas unos partidos que dicen contar con el "mandato democrático" del 1-O para implementar la república catalana.

Un tercio de los votos

Para hacer valer la voluntad de los catalanes, repondrán los interpelados, soslayando que, así como en las elecciones al Parlament el independentismo suma el 47% de los votos, en las generales no alcanza el tercio de los sufragios. Y omitiendo, también, que los 17 escaños republicanos en el Congreso han servido tanto para derrocar a Mariano Rajoy, moción de censura mediante, como para tumbar los Presupuestos de Pedro Sánchez y, eventualmente, abrir las puertas de la Moncloa a las derechas que codician un 155 talla XXL en Catalunya.

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Si quieren renovar la confianza de sus electores, ERC y los súbditos de Carles Puigdemont deberían aclarar con qué fines la demandan: para contribuir activamente al progreso de España -Catalunya incluida- o para inhibirse y así propiciar una regresión democrática que tal vez abone sus ensoñaciones rupturistas, pero al precio de laminar el autogobierno catalán.