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Análisis

Pobres primates

EF VILADECAVALLS

Pobres primates

Sònia Gelmà

Los grotescos insultos de unos jugadores veteranos a un equipo femenino son solo la punta del iceberg

¿A fregar? Me imaginé en un campo de fútbol de tierra. Con aquel Seat 127 verde de mi abuelo aparcado en la entrada y un jamón para sortear en el descanso (esa buena costumbre no se ha perdido). Y ahí sí, ahí me cuadraba lo que oía. Pero no, dicen que fue hace unos días, que fue en este siglo. Y pensé entonces que ese anacronismo solo podía ser consecuencia de que se habían escapado de los años 80, a través de algún fenómeno paranormal de esos que vemos en las series de ciencia ficción. Qué otra explicación puede haber para que, en un momento de enfrentamiento, ante lo que crees que es una situación injusta, se te ocurra utilizar como insulto, hoy en día, esa expresión. Sin ningún tipo de vis cómica, sin sentirte ridículo.

Así lo comenté a mi entorno y resultó que no, que no llevo razón. Que no se trata de excepciones muy concretas que por escandalosas vemos en las noticias. Que ese espécimen es un perfil existente en el fútbol territorial. Tampoco es justo criminalizar al fútbol modesto, que en el profesional también hay ejemplos lamentables. Shakira, sin ir más lejos, es el "objeto" elegido por un sector de Cornellá -año tras año- para herir a Piqué; y lo seguimos tolerando, de manera inaceptable.

"¡Idos a fregar!". Me pregunto qué versión le explicarán luego a sus mujeres, a sus madres, a sus hijas. No sé si es más vergonzoso admitir el insulto por retrógrado, o por su falta de originalidad. Todo tiene su parte positiva, y los colegas de personajes de semejante calaña empiezan a ver que el silencio no vale, que reírles las gracias les hace cómplices. Aún queda mucho camino por recorrer, pero se sienten señalados, perseguidos incluso, y ese es un gran avance.

Ahora que tendrán tiempo libre, les diría a esos energúmenos que aprovechen y lean

A esos energúmenos poco evolucionados que dedican sus fines de semana a descargar su frustración en el deporte, bajo la excusa de mantener la forma, les diría que afronten las infelicidades de su vida y que dejen en paz a niñas de 17 años que tienen tanto o más derecho que ellos a disfrutar del deporte.  Ahora que tendrán tiempo libre, aprovechen y lean. Edúquense.

Parece increíble, pero resulta que aún hay ignorantes que en el 2019 creen que nos pueden enviar a la cocina. Pero que no nos engañen los focos, porque ese burdo insulto, que solo tendría sentido en medio de una parodia, es la punta del iceberg. En el fondo, de tan básico, es el menos peligroso. Es más preocupante la justificación condescendiente posterior, cuando dicen que no pasó lo que el árbitro dice que pasó. Su explicación es que era joven y acabó poniendo lo que le dijeron las jugadoras. No les pase por alto el detalle: el árbitro resulta ser una mujer. Ay, si nuestro único problema fuera que nos enviaran a la cocina. Pobres primates.