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Dos miradas

Los ojos de la violencia machista

Los ojos de la violencia machista

Emma Riverola

No me alcanza la imaginación cuando pienso en la detención de un hombre de 95 años por matar a su mujer a golpes. La ficción se queda corta ante la áspera y sangrante realidad

No me da la imaginación, lo confieso. Puedo esbozar historias, fabular excusas, quizá sufría demencia senil, tal vez un brote violento dentro de su degeneración mental… Un hombre de 95 años ha sido detenido en León por matar a su mujer a golpes. Ambos vivían en una residencia de ancianos. 95 años.

Dotado de un cerebro extraordinario a sus más de cien años, al médico Moisès Broggi le gustaba recordar las palabras de Platón. El filósofo griego creía que los ojos del espíritu se hacían más penetrantes cuando los corporales declinaban. Broggi señalaba tres planos en la vida de la persona: el físico, el mental y el espiritual. Cada uno se erigía en protagonista de un momento vital. Con la vejez, ante el evidente deterioro físico y el flaqueo de la mente, cobraba importancia el plano espiritual, el desarrollo de la vida interior. Pienso en ese anciano de 95 años asesinando a golpes a su mujer y, si la demencia no es la causa, solo queda atribuir el crimen a la violencia machista. Una violencia que atraviesa todas las clases sociales, que no sabe de acentos ni de edades, una metástasis del alma que se impone incluso cuando el cuerpo sobre el que se ejerce la agresión ya exhala debilidad.  

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Pero no, aun así, no me alcanza la imaginación. Será porque la ficción se queda corta ante la áspera y sangrante realidad. Esa que niegan los que pisotean los tres planos del ser humano: el físico, el mental y, también, el espiritual.