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La lacra machista

La realidad es tozuda, las estructuras no cambian

LEONARD BEARD

La realidad es tozuda, las estructuras no cambian

Gemma Altell

Pese a la fuerza que ha conseguido el feminismo en los últimos tiempos, el machismo se rearma

Apenas estamos estrenando el 2019 y ya hemos tenido varias noticias que reafirman la necesidad de seguir luchando y haciendo didáctica sobre la desigualdad estructural que padecemos las mujeres'La manada' seguirá en libertad, para Vox es prioritario desmantelar la ley y el concepto violencia de género de la mano del PP, ha habido varias denuncias de agresiones sexuales sufridas por mujeres, Bolsonaro pretende eliminar la ley del aborto en Brasil y se han producido los dos primeros feminicidios del año en España.

Es misión de la política tomar conciencia

Todas ellas son noticias alarmantes que nos recuerdan, tozudamente, cuál es el escenario en el que vivimos. Aun así, y reactivo a la fuerza que ha conseguido el feminismo en los últimos tiempos, el machismo se rearma. Una de las formas que toma es la cara -cínicament paternalista- de quien pretende advertir a las mujeres sobre el peligro de "pasarnos" en las políticas y demandas de igualdad que pretenden reequilibrar la desigualdad estructural. Es una lástima que la capacidad intelectual contrastada se ponga al servicio del frívolo concepto de "la guerra de sexos" pervirtiendo el espíritu de la ley contra la violencia de género o la iniciativa mundial del #MeToo. Los hombres heterosexuales que han entendido o están en el camino de entender y compartir la lucha y transformación feminista no se sienten amenazados por las mujeres. Somos -hombres y  mujeres- que estamos en posición de aprendizaje y de co-construcción de un nuevo paradigma que nos permita alcanzar la igualdad.

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Es misión de la política tomar conciencia y reequilibrar -introduciendo los mecanismos adecuados- las desigualdades existentes. Pretender que este hecho supondrá un renacimiento de la misoginia responde a varias cuestiones. En primer lugar, es una amenaza en toda regla fruto del miedo a la pérdida de los privilegios que hasta ahora han permitido actuar impunemente al machismo. La idea de que las leyes y políticas se nos girarán en contra a las mujeres si pretendemos ir "demasiado lejos" no es más que una confirmación de la existencia de estos privilegios. La amenaza del 'status quo' que representa el feminismo reafirma que existe un poder androcéntrico que se puede y se debe ejercer cuando "conviene". En segundo lugar, los discursos que atribuyen la "maldad universal" a las mujeres pretenden transmitir que nosotras tenemos la voluntad de hacer daño a los hombres 'per se'; y, en consecuencia, los denunciamos por cualquier actuación solo por el placer de hacerles daño. Esto implica, por un lado, desconocimiento de lo que supone para cualquier mujer la situación de reconocimiento o denuncia de una agresión y, por otro, apelar (una vez más) al estereotipo pueril y machista: las mujeres tenemos el poder oculto de hacer daño a los hombres desde que "Eva hizo comer la manzana a Adán". En tercer y último lugar, por si este posmachismo recalcitrante aún no se ha dado cuenta, las políticas públicas inspiradas en los postulados feministas están basadas en argumentos racionales y datos objetivos que demuestran la desigualdad estructural; no en una sed de venganza.