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ANÁLISIS

Jordi Alba, felicitado por Luis Suárez en el clásico del Camp Nou.

EFE / TONI ALBIR

La máquina del tiempo

Sònia Gelmà

Dos partidos no son suficiente. ¿Cómo lo pueden ser? En dos ratos no se acaba con ese pánico latente ante lo que está por llegar. Con esa angustia que supone saber que el tiempo pasa para todos, también para él; que habrá un día en que el Barça ya no podrá contar con Leo Messi. Las exhibiciones del argentino tienen un componente casi melancólico, porque el barcelonismo, propenso a situarse en el peor de les escenarios, ya se imagina lo que se perderá incluso por delante de lo que ahora puede disfrutar.

Esta última lesión de Messi fue una nueva oportunidad, cómo dejarla pasar, para imaginar la catástrofe. Llegaban Inter y Madrid y los precedentes no invitaban al optimismo. El partido ante el Athletic, por ejemplo, había evidenciado que el Barça, acostumbrado a dejarlo todo en manos del 10, se sentía huérfano sin su faro.

Messi, Coutinho, Suárez

Pero esta vez hubo margen para que el grupo se mentalizara y su entrenador estableciera un plan. El resultado, producto de la necesidad, es que ese equipo que tanto depende de Messi -como debe ser cuando el mejor del mundo está en tus filas-, ha dado un paso adelante para enseñarnos que quizá no es tan mágico pero también efectivo. Requiere, eso sí, un mayor sacrificio defensivo, una presión que no permita respirar el rival y un esfuerzo colectivo para crecer en presencia. Asumido que Coutinho no es de los que tira del carro, ha sido Luis Suárez -el mejor socio de Messi fuera del campo- quien se ha erigido en el líder. La reaparición del uruguayo cuando ya se le da por enterrado empieza a ser una tradición. Llega dos meses tarde a la temporada, pero llega, y de qué manera.

Y así, gracias al infortunio, el barcelonismo ha podido saltar al futuro, como si tuviera en su poder una máquina del tiempo para visualizar lo que sería un Barça sin Messi. Es un ejercicio imposible, porque cuando el argentino se retire, también estarán cerca de hacerlo Piqué o Suárez, y no le quedará mucho tiempo a Rakitic, Alba Busquets. Pero ese ya es otro tema.

Hay vida sin Messi, una vida mucho más vulgar pero en la cual también cabe la solvencia e incluso una goleada al Madrid. Falta ver si también se sostiene esa vida en Vallecas, cuando se apaguen los atractivos focos de la Champions o de un clásico. Pero de momento, la imaginación da para intuir un futuro menos negro de lo previsto, sin que eso signifique que estemos preparados para ello. Resulta más atractivo fantasear con mundos paralelos, como el que hubiera supuesto que Messi estuviera en esa primera parte ante un Madrid dimitido. Una pesadilla para Florentino Pérez, que no necesita una máquina del tiempo, puede ver cada fin de semana lo que es el Madrid sin Cristiano, al menos en versión Lopetegui.

Temas: Messi