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Editorial

La Sagrada Família se regulariza

Es de esperar que este primer acuerdo sea el punto de inicio de una relación de normalidad entre una obra ciclópea y sus deberes hacia la ciudad

La Sagrada Família. 

La Sagrada Família.  / Albert Bertran

Ha llevado tanto tiempo que parecería un milagro, si no fuera porque el acuerdo entre el Ayuntamiento de Barcelona y la Sagrada Família es plenamente terrenal. Al fin se ha pactado la regularización de las obras después de 133 años sin licencia. A cambio de este largo siglo sin aportar un céntimo a las arcas municipales, la junta constructora de la basílica se ha comprometido a pagar 36 millones de euros en 10 años. Montante que servirá para realizar mejoras en el entorno y en el transporte, incluyendo un acceso directo del metro en el templo de Gaudí.

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Es de celebrar un acuerdo que, por los años que se ha tardado en cerrar, puede calificarse de verdaderamente histórico. El empeño de la alcaldesa ha conseguido revertir una situación de anómalo privilegio del arzobispado. Ahora, el dinero pactado podrá ser utilizado en reparar parte del impacto que el turismo intensivo causa en la zona: 20 millones de visitantes al año.

Pero la tranquilidad no será total para los vecinos. Aún queda por resolver el asunto más espinoso: la expansión horizontal de la Sagrada Família. Un proyecto que contempla una gran escalinata para la entrada principal del templo, en la fachada de la Glòria, y que supondría el derribo de decenas de viviendas. El tema ha quedado aparcado para una segunda fase de la negociación. Es de esperar que este primer acuerdo sea el punto de inicio de una relación de normalidad entre una obra ciclópea y sus deberes hacia la ciudad.