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Estigma social

Mentes despiertas

Mentes despiertas

Sílvia Cóppulo

Cuatro usuarios de la salud mental, ponentes del programa 'Ments despertes' de la Fundación Som Via, habitualmente dan conferencias en escuelas. Pero hoy afrontan un reto más difícil: hablar a médicos

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Colegio de Médicos de Barcelona. Primera jornada 'Salut mental i jo'. Cuatro usuarios de la salud mental, ponentes del programa 'Ments despertes' de la Fundación Som Via, habitualmente dan conferencias en escuelas. Pero hoy afrontan un reto más difícil: hablar a médicos. Objetivo: hacer caer el estigma. Modero su mesa redonda.

"¿Por qué decimos que una de cada cuatro personas sufrirá algún trastorno mental a lo largo de su vida, o sea en el futuro? Eso está pasando ahora. Nos mezclamos en el metro", afirma, rotunda, Raquel Gonzalo. Raquel es actriz amateur en la compañía alternativa Brots. Habla un buen inglés, tiene 30 años y un novio enamorado. Quiere ser madre. "Un día no me encontraba bien y fui a Urgencias. Me dijeron que tenía una crisis de ansiedad".

–¿Y la tenías?

-No, era una mononucleosis, pero cuando los médicos ven en tu historial clínico un diagnóstico mental, no te escuchan; te estigmatizan.

El auditorio guarda silencio. Ella conoce bien sus capacidades y sabe detectar los síntomas de su depresión crónica. A su lado, Jonathan Armenteros, alto y guapo, 29 años, repartidor en el mercado de Sant Antoni (Barcelona). "Soy monitor de futbol y del Espanyol. Dejé de fumar de golpe, porque quería dedicarme al deporte". "La clave", me dice riendo, "es que te traten como a una persona. Entonces descubres qué es lo que te hace sentir bien".

Su diagnóstico dice coeficiente intelectual límite. Quedo absolutamente sorprendida. Después Toni Prim nos contará con naturalidad, que le diagnosticaron una esquizofrenia paranoide y está jubilado. Pero hoy ha querido venir, orgulloso de ayudar a formar a otras personas. Acabamos las intervenciones con Javi Cuesta. De joven, le costó mucho asumir la paternidad; no se sentía preparado. De manera que consumía cocaína para poder trabajar sin descanso y llevar a casa un buen jornal que compensara sus ausencias. El diagnóstico le ayudó a conocerse. Ahora, a sus 47 años, reclama más implicación personal a los médicos.

‑¿Cómo te encuentras, Javi? Socarrón, responde: "Unos días bien, y otros, mal. ¡Soy un bipolar!".

Risas y aplausos. Hoy hemos conocido a personas que sufren una enfermedad mental, porque en una sala llena de médicos las hemos escuchado.

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