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ANÁLISIS

Menores magrebís durmiendo en la comisaría de Ciutat Vella.

Planificación, prevención y recursos para los jóvenes sin referentes

Rosa Balaguer

La llegada de adolescentes no acompañados no es una contingencia puntual, si nos limitamos a apagar el fuego no resolveremos el problema

Estos últimos días ha estallado una crisis que podría haberse evitado y sobre la cual habíamos alertado. Los jóvenes migrantes sin referentes familiares (mal llamados ‘menas’) se han convertido en una emergencia y ahora hay que apagar el fuego evitando que duerman en comisarías u otros lugares inadecuados, como lo era ya la Ciutat de la Justícia hace casi un año. Las entidades sociales seguiremos haciendo todo lo posible -y más, como siempre- para dar respuesta a la urgencia, pero si nos limitamos a apagar el fuego no resolveremos el problema.

La reactivación del espacio de trabajo conjunto que este miércoles ha reunido a todos los agentes implicados después de tres meses de inactividad es una buena noticia, pero debe intensificar su ritmo de trabajo y ser realmente operativo. Ahora se demuestra cuán necesaria la tarea que tenía encomendada: planificar a medio y largo plazo las políticas migratorias y sociales para gestionar el fenómeno. Es lo que más ha faltado, junto con los recursos económicos para hacerlo posible.

La llegada a Catalunya de adolescentes sin referentes familiares no es una contingencia puntual, es un fenómeno migratorio estructural que va en aumento desde hace tres años. Para dar una respuesta adecuada hay que trabajar de forma permanente y con visión preventiva, como reclamamos desde el tercer sector social en todos los ámbitos y servicios de atención a las personas en situación de vulnerabilidad. El objetivo es apoderarlas para evitar procesos de exclusión y fortalecer la cohesión social.

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Valoramos positivamente que el Govern haya tomado las riendas del asunto y lidere la gestión de la emergencia, puesto que se trata de un reto de país que requiere un abordaje integral y transversal, con la implicación de todos los departamentos de la Generalitat y de otras administraciones y agentes sociales. Los poderes públicos deben afrontarlo desde un contexto global y destinar los recursos económicos necesarios, pero en última instancia el conjunto de la sociedad somos corresponsables de la acogida y la integración de los migrantes.

Entre todos y todas hemos de garantizar el acompañamiento y la inclusión para que estas personas, sean o no menores de edad, puedan gozar de unas condiciones de vida dignas.

Les entidades sociales seguiremos trabajando al pie del cañón, pero también alzaremos la voz para defender los derechos de las personas y exigir los medios necesarios para darles cumplimiento. El sistema de protección social está sobresaturado, los profesionales están tensionados y hay unos límites que no pueden traspasarse si queremos garantizar unas mínimas condiciones de seguridad y calidad en la atención.

Por lo tanto: resolvamos la emergencia, por supuesto, pero en paralelo abordemos también de forma urgente y sin pausa la planificación y las medidas de prevención para que los jóvenes sin referentes de hoy no sean los adultos excluidos de mañana. Las políticas sociales deben ser prioritarias siempre y sufragarse apropiadamente en cualquier circunstancia para construir el país justo y solidario que queremos.