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Editorial

Masificación en la movilidad urbana

El ciudadano tiene derecho a disponer de un transporte público adecuado y sin asumir el coste por el turismo

Usuarios de la linea de bus 24.

Usuarios de la linea de bus 24. / JORDI COTRINA

De promedio, en Barcelona se mueven cada día cerca de 155.000 visitantes, una cantidad que se dispara en verano con la llegada de más turistas, y la ciudad absorbe más de 600.000 desplazamientos cada 24 horas. La elevada cifra dispara a menudo la alarma cuando esa cifra se convierte en un problema de movilidad para la mayoría de los usuarios, que denuncian los retrasos en las principales líneas de transporte público metropolitano, sobre todo en los barrios más visitados y transitados por los turistas. Y los problemas se amplían al área metropolitana, donde pernoctan muchos de los visitantes que van y vienen a diario. Los datos forman parte del estudio del ayuntamiento 'Estrategia de Movilidad Turística de Barcelona', que disecciona el problema y plantea propuestas para evitarlo en el futuro.

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Este verano la percepción ciudadana es que las esperas en las líneas de metro están siendo aún más dilatadas y que el hacinamiento en los vagones y los autobuses son superiores. Entre las peticiones urgentes de los vecinos para pacificar sus barrios, como los de la Barceloneta, está la de replantear la movilidad y las frecuencias de acceso al transporte público. En este, como en otros sectores, amenaza el fantasma de la gentrificación, es decir, los vecinos sienten que son apartados de sus zonas de residencia y vida por el turismo.

A pesar de que el gobierno municipal asegura que se han reforzado las líneas de metro y bus más saturadas, la percepción es que hacen falta medidas más contundentes y más imaginativas. Algunas de ellas afectan también al precio del transporte público, ya que la mayoría de los turistas (el 63%) eligen la T-10, la más subvencionada, mientras que solo el 12% se deciden por la específica Hola BCN! Se da la injusta paradoja de que es el visitante quien se beneficia de las ayudas de la Administración, a pesar del coste extra que su visita genera en refuerzos de servicios. Sobre la mesa hay esperanzadoras iniciativas que superan el polémico debate sobre si el turista ha de pagar más con una afirmación que no ofrece dudas: los vecinos no deben asumir el coste del exceso de movilidad. En este sentido, es acertada  la idea de que haya billetes y bonos que premien la fidelidad del usuario local, sea o no con la fórmula pensada para la T-Mobilitat. El usuario local tiene derecho a recibir un servicio de transporte público adecuado y sin sobrecostes.    

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