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La insistencia del equipo del líder del PP en dar por cerrado algo que solo puede cerrar el juez expone su mayor debilidad

Pablo Casado han salido del 19º congreso extraordinario del Partido Popular ungido por una mayoría más amplia de lo pronosticado y con un mandato claro: recuperar la estrategia de oposición por cualquier medio necesario frente a otro Gobierno socialista manchado con un pecado original que debe pagar.

En el relato popular, igual que José Luis Rodríguez Zapatero era culpable de haber ganado tras el 11-M, Pedro Sánchez carga ahora con la culpa insubsanable de haber llegado a la Moncloa de manera aviesa, tras perder dos elecciones y pactando apoyos inconfesables con las némesis populares favoritas: populistas y nacionalistas. Todo vale contra ellos. Todo se aprovecha para confrontarse con el villano que habita en la Moncloa. La familia, la eutanasia, el aborto o las víctimas del terrorismo son y se usan como armas para obligarle a salir cuanto antes de su escondite.

Más que un rearme ideológico, Casado encarna un cambio de estrategia. Frente al análisis marianista de que todo se había hecho bien, Sánchez era un accidente y el tiempo y los votantes acabarían dando la razón al PP, se ha impuesto la idea de que el poder desgasta a quien no lo tiene y el Gobierno Sánchez no va a caer de maduro, hay que ir a por él.

Ganó Casado, pero sobre todo perdió Soraya Sáenz de Santamaría. Buena parte de los apoyos del nuevo líder responden más a la aversión a su rival que al convencimiento en su propia valía. La insistencia de Alberto Núñez Feijóo en recordarnos que en el 2020 estará disponible es una señal. Igual que los problemas que parecen dilatar la elección de una dirección donde difícilmente pueden convivir quienes votaron a Casado esperando apartar a los 'sorayos' y quienes votaron a Sáenz de Santamaría para librarse de los 'cospedalos'. Aunque nada une más que el enemigo exterior, otra poderosa razón para lanzarse desde el principio por la senda de la oposición viral y visceral.

La maquinaria judicial

Pero entre todos los problemas a afrontar por el nuevo líder, ninguno tan imprevisible como el devenir judicial de su expediente académico. Las bases puede enervarse sacudiendo al rival, las heridas internas se recosen con poder y no será Albert Rivera quien le enseñe al PP cómo se rentabilizan electoralmente el miedo y la unidad de España; pero nadie sabe qué puede pasar cuándo la justicia arranca su maquinaria. La insistencia del equipo de Casado en dar por cerrado algo que solo puede cerrar el juez expone su mayor debilidad.

Las convalidaciones de palabra no existen en la universidad española, solo valen los expedientes debidamente tramitados. Faltan papeles y documentos oficiales para sostener su relato sobre el esforzado estudiante que madrugaba para estudiar y quemaba asignaturas mientras trabajaba a destajo en el servicio público. La imputación de tres alumnos del mismo máster y por idénticas razones que se investiga a Casado conduce, por pura coherencia procesal, a su propia imputación. Solo una línea muy fina separa hoy al 'expediente Casado' de convertirse en el 'caso Casado'.

Temas: Pablo Casado PP

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