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Dos miradas

La repentina áurea de Sánchez puede esfumarse inesperadamente como llegó, pero, mientras, la imagen del 'procés' ha adquirido cierto aroma a ratafía

Frente a las imágenes de Pedro Sánchez convertido en uno de los actores principales en su primer Consejo de Europa, la loa a la ratafía con la que Quim Torra se explayó el pasado fin de semana se quedó pequeña, muy pequeña. No despreciable, la tradición es una riqueza colectiva, pero definitivamente reducida. Es solo una imagen, cierto. Pero toda una imagen.

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Durante los años posolímpicos, la Barcelona magnética en la que burbujeaban los proyectos ganaba por goleada a la imagen de un nacionalismo tradicionalista, católico y más conservador que progresista. El 'procés' lo cambió todo. Más aún al medirse frente al Gobierno de RajoyEn el magma independentista hay rémoras del pasado, pero también profesionales cosmopolitas y altamente cualificados, inconformistas ante un sistema injusto y rebeldes con causa. Padres conservadores e hijos radicales han votado por un mismo anhelo. Una imagen ilusionante, moderna y con vocación de mayorías se impuso.

Pero las ideologías son cada vez más etéreas, soportadas en emociones volátiles en las que la imagen es determinante. Cuando la imagen deja de ser poderosa, la mirada se desvía a otras más atractivas, más nuevas. La rapidez con la que ahora se alcanza los altares es solo comparable con la precipitación de la caída. También la repentina áurea de Sánchez puede esfumarse tan inesperadamente como llegó. Pero, mientras tanto, la imagen del 'procés' ha adquirido cierto aroma a ratafía.

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