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Cambio en la Moncloa

La oposición feroz

Jordi Puntí

Parece que el PP aún no ha entendido que en esta legislatura no les servirá el librillo que Aznar aplicó en el pasado

Quince minutos, o menos, tardó el PP en anunciar que va a hacer una oposición feroz tras haber perdido el control del Gobierno. Con el gesto tenso, deseoso de venganza, incluso antes de votarse la moción Rafael Hernando ya sacaba sus colmillos afilados. El discurso del portavoz popular fue de los más bajos que se han oído en la democracia española: lenguaraz y grosero, sus intervenciones estuvieron plagadas de amenazas, ofensas y chulerías, además de algunas posverdades para empezar a sembrar en el camino de este nuevo Gobierno de Pedro Sánchez.

Sin perder un segundo en lamerse las heridas en público, parece que el PP aún no ha entendido que en esta legislatura no les servirá el librillo que Aznar aplicó en el pasado. No les servirá porque a su lado, detrás, debajo, arriba, está el instinto parasitario de Ciudadanos. Con un ideario que se define desde el odio, la confrontación y el escarnio, centrándose siempre en Catalunya y el País Vasco, los de Albert Rivera se encargarán de recoger los votos conservadores que vaya sembrando en España un PP marcado por la corrupción. Con su bronca los populares pueden convertirse, por así decirlo, en el policía malo que allane el camino al “policía bueno”.

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Con este panorama, nadie duda de que para Pedro Sánchez la moción de censura conlleva un intento de recuperar votos fugados a Ciudadanos, que con su ideología amorfa y de nacionalismo viejuno va ganando terreno en zonas de dominio socialista. La estrategia de nombrar ministro de Exteriores a José Borrell va en ese sentido. Al final y al cabo el mismo Borrell encabezaba orgulloso las manifestaciones de Sociedad Civil Catalana, y él también era el candidato que Ciudadanos apuntaba al PSOE cuando, en plena moción, proponía un gobierno instrumental en comandita. La decisión de dar protagonismo al hombre que, recordémoslo, proponía “desinfectar Cataluña” antes de “coser las heridas”, quizá le hará recuperar votos díscolos, pero no es precisamente una apuesta de futuro. Mal negocio, eso de vivir en un 'déjà vu'.     

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