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LA CLAVE

El aspirante a 'president' habita y pretende gobernar para una porción del país aferrada al realismo mágico y ajena a la tozuda realidad

En su primer discurso de investidura, el aspirante Quim Torra tenía dos alternativas: presentar un programa inclusivo, comprometiéndose a gobernar para todos los catalanes, o interpelar solo a quienes piensan como él. Eligió la peor opción… si es que podía elegir.

Acarreaba a sus espaldas, como un pesado baldón, sus comentarios hirientes para quienes se sienten también españoles: el 70% de los catalanes. Tales muestras de menosprecio hacia quienes a su juicio no merecen la condición de catalanes eran un lastre para Torra, pero también le brindaban la oportunidad no solo de disculparse en la sede de la soberanía catalana, sino también de expresar propósito de enmienda, aunque fuera impostado. Eligió no hacerlo... si es que pudo elegir.

La Catalunya en la que Torra habita, y para la que pretende gobernar, es un estado mental. No es la Catalunya del 47% de votantes que apoyaron a fuerzas soberanistas del 21-D. Es la de una minoría independentista convencida de que ya es independiente. La que piensa que la abstención del 60% de los catalanes no restó un ápice de legitimidad al "mandato democrático" del 1-O. La que cree que la república no solo fue proclamada, sino también instituida.

Solo a esa porción de Catalunya, aferrada al realismo mágico y ajena a la tozuda realidad, puede haberle complacido que Torra se presente como un 'president' "provisional" de un Govern "de transición". Tránsito incierto hacia un horizonte difuso que el presidenciable resumió en dos retos: "construir un estado independiente en forma de república" y elaborar un "proyecto de constitución". El mismo programa que primero Artur Mas y luego Carles Puigdemont prometieron desarrollar en 18 meses. Ambas veces, en vano.

Tres 'Governs'

Si la CUP bendice esta prórroga del procesismo y el lunes facilita esta investidura, Catalunya tendrá tres 'governs': el "exterior" de Puigdemont, el "interior" nombrado por Puigdemont y el de los 'consellers' de ERC, que sí han abjurado de las urgencias y el unilateralismo.

Y el resto de Catalunya, esa a la que Torra ignora, seguirá esperando el advenimiento de un Govern que trabaje para recoser el país y no para dividirlo aún más.

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