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INVESTIDURA

Torra trata de seducir a la CUP con un duro y reivindicativo discurso

El 'presidenciable' se presenta como el continuador del 1-O y la DUI

Niega cualquier involución autonómica y arremete contra Rajoy y el Rey

Xabi Barrena

Quim Torra, durante el debate de investidura en el Parlament

Quim Torra, durante el debate de investidura en el Parlament / REUTERS / JUAN MEDINA

‘No soy Carles Puigdemont, pero soy lo que más se le parece’. Ese fue el principio motor del discurso de investidura Joaquim Torra. “Les pido el voto en mi nombre y en el nombre de Carles Puigdemont. Sed conscientes de la grave hora que vivimos”, ha aseverado al final de su discurso. Unas palabras que tenía como objetivo a los ciudadanos de Catalunya pero cuyo destinatario indudable era la CUP, la fuerza que este domingo puede dinamitar su elección como ‘president’. Eso sí, por mucho que se aproximara al desideratum anticapitalista no cruzó las líneas para pronunciar las que mas les hubieren convencido: unilateralidad y desobediencia.

Una intervención en la que, además de mostrar su obediencia al ‘expresident’,  subrayó que no hay ni habrá involución posible ("este Govern no viene a hacer autonomismo") y que su gestión supone continuar con el hilo del 1-O, de la declaración de independencia y las elecciones del 21-D. “Seremos leales al mandato del 1-O y lucharemos por alcanzar el estado independiente en forma de república”, ha señalado antes de advertir que solo él y su Govern serán los responsables de lo que, a partir de ahora, puedan decidir y poner en práctica. Es decir, hay un relevo provisional, pero no se acaba ninguna etapa. Y es que la palabra ‘república’, a diferencia de lo ocurrido en la anterior sesión de investidura, la que cursó un Jordi Turull con la espada de Damocles de la cárcel sobre la cabeza, ha estado omnipresente.

"Chapucero e indecente"

No ha ahorrado tampoco en epítetos Torra. Así, ha tildado de “chapucero” el trabajo del Gobierno, de “indecente” el encarcelamiento a media investidura del propio Turull y de “ignominiosa” la demanda contra Artur Mas por el 9N.

Demostrado el compromiso con la República, la segunda parte de la seducción a la CUP apareció en el apartado de la obra futura de Govern. Fue sucinta y poco detallada, es decir, no apareció el canal Segarra-Garrigues, pero seguramente gustó a los anticapitalistas. El primer ítem que puso sobre la mesa fue el de la lucha contra la corrupción. “La nueva república debe de contar con instituciones libres” de la malversación. Y que todo ello debe de definirse en un proceso constituyente –palabra también fetiche para la CUP.

No acabó ahí Torra, quien llegó a proclamar que la república que se busca será, entre otros adjetivos,  “feminista”. Así, recordó el problema de la pobreza en Catalunya y recordó la aprobación de la renta garantizada de ciudadanía, al tiempo que prometió recuperar todos los contenidos de las leyes aprobadas por el Parlament y suspendidas por el Tribunal Constitucional, casi todas ellas de índole social. Como la de la universalización de la sanidad y la del impuesto a los bancos para promover políticas de redistribución de la pobreza. Tanto ahínco por atraerse a los anticapitalistas se explica con una de las réplicas posteriores: "La CUP forma parte de la solución"

Mensaje al Rey

Torra también ha tirado de castellano e inglés para hacer llegar su mensaje sin intermediarios. Al rey Felipe VI, tras recordar un par de discursos de hace 28 años, de cuando era príncipe, le espetó: “Pues resulta que en Catalunya hay presos políticos y que no se respeta la voluntad de las urnas. Majestad, asi, no”. Es decir, la misma coletilla que usó Puigdemont en su respuesta al mensaje del monarca del 3 de octubre. También tiró de castellano para pedir diálogo a Mariano Rajoy, “para sentarse en la misma mesa y hablar de todo sin condiciones”. Al presidente de la Comisión Europea, Jean –Claude Juncker le ha pedido “mediación para favorecer el diálogo”, al hilo de lo que el propio luxemburgués había señalado hace pocos días.

De su biografía, Torra ha reiterado, en el turno de réplica, sus disculpas por sus tuits sobre “los españoles”, que tanto han marcado el debate. Sin más. Sin abundar.