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LA CLAVE

Joaquim Torra, en el Parlament, el pasado 1 de marzo.

AFP / LLUÍS GENÉ

En la mente de Quim Torra

Luis Mauri

El candidato a 'president' designado por Puigdemont llega envuelto en algunas sombras inquietantes

Más de 26 millones de los 29 millones de habitantes de Yemen sufren inseguridad alimentaria o, directamente, hambre. Guerra, desplazamientos masivos, epidemias.

En Sudán del Sur, la guerra civil está enquistada. Cuatro millones de personas han sido forzadas a abandonar sus hogares. A cinco millones, la mitad de la población, les acecha el hambre.

Tres gobiernos simultáneos, varias milicias armadas y grupos terroristas siembran el caos y la miseria en Libia. Centenares de miles de migrantes malviven confinados y esclavizados por oficiales, milicianos y traficantes.

Yemen, Sudán del Sur y Libia son tres de las principales crisis que mortifican a la humanidad. La ONU actúa en muchas otras: Irak, Siria, República Democrática del Congo, Somalia, Etiopía, Ucrania, la persecución de los rohingya en Birmania…

Esto es lo que la comunidad internacional entiende por crisis humanitarias. Y el hecho de que el candidato a president designado por Puigdemont, el abogado y editor Quim Torralas asimile a la situación actual en Catalunya es altamente preocupante. Si la CUP no lo impide, lo cual no parece muy probable, Torra va a ser el presidente de la Generalitat con los votos de JxCat y ERC. Un presidente que o bien banaliza los padecimientos de la humanidad, o bien anda perdido aún en el relato mágico según el cual la independencia de Catalunya iba a caer como dulce fruta madura ante la mirada impotente del Estado y en medio de una gran celebración internacional y empresarial. O bien ambas cosas a la vez.

Designación caudillista

Torra llega a la máxima magistratura catalana envuelto en algunas sombras inquietantes. Su designación de aire caudillista sugiere sin ambages que el president no será un president completo, sino un subalterno del patrono. Y luego está su inquietante historial de opiniones xenófobas y supremacistas en las redes. Ahora ha pedido disculpas de forma notoriamente desganada. Torra, si va a ser presidente de los catalanes, de todos los catalanes, debe aclarar si está de alquiler en el cargo y si las ideas expresadas en aquellos tuits funestos siguen burbujeando en su mente.