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CAMBIOS EN EL SECTOR ALIMENTARIO

Asistentes de la edición del 2016 de Alimentaria.

Hacia una Carta Alimentaria Metropolitana

Oriol Estela

Urge comprender mejor el modelo para avanzar hacia uno más resilente y sostenible que proporcione alimentos más sanos, limpios y justos para todos

El sistema alimentario que nutre una ciudad es de una enorme complejidad, pese a que pocas veces somos conscientes de ello cuando nos sentamos en la mesa, sea en casa, en un restaurante o en el comedor escolar. El hecho de que millones de personas que no producen sus propios alimentos coman varias veces al día se da por supuesto, sin tener consciencia de las dimensiones de la cadena de producción, transformación, almacenamiento y distribución que lo hace posible, el volumen de actividad económica y de empleo que genera o el territorio que abarca. Como tampoco de las amenazas existentes para su buen funcionamiento: el cambio climático, el crecimiento acelerado de la demanda en mercados como el asiático o las oscilaciones en los costes de transporte son algunos de los factores que podrían llegar a poner en riesgo nuestro abastecimiento de alimentos. 

Con la comida que desechamos en un año en Catalunya se alimentarían 500.000 personas

Alimentar la ciudad se ha convertido, en consecuencia, en objeto de preocupación también para los gobiernos locales, que cada vez más instituyen políticas alimentarias dirigidas a proporcionar un marco de trabajo estratégico que agrupe a los diferentes actores del sistema alimentario local. Vancouver sería la ciudad de referencia, con más de 30 años de trayectoria en la planificación de su sistema alimentario, mientras que Milán lanzó en 2015 el Pacto por las Políticas Alimentarias Urbanas que ya han suscrito cerca de 200 ciudades de todo el mundo, Barcelona entre ellas.

En clave sostenible

Es por ello que el Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona ha definido como uno de sus ejes fundamentales de futuro el impulso de una política alimentaria, que complemente aquellas que ya se vienen realizando a escala metropolitana dirigidas a proveer otros elementos esenciales para la vida en clave de sostenibilidad, como un aire limpio, agua, energía o, de manera más incipiente, vivienda.

La alimentación es evidentemente un elemento central en nuestras vidas y es central también en el buen funcionamiento de las ciudades. La producción y transformación de los alimentos afectan al consumo de agua, la gestión de los residuos y la huella de carbono. La comida, asimismo, es un componente esencial de la economía: el sector alimentario (producción, distribución, procesado, venta y servicios asociados) tiene un enorme impacto en la actividad económica y el empleo. La comida está íntimamente relacionada también con la cultura y el turismo

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En los próximos días Barcelona acogerá el gran encuentro bienal del sector, la feria Alimentaria y los certámenes que se realizan a su alrededor, que se estima que reunirán a más de 6.000 empresas y a unos 150.000 profesionales de los diferentes ámbitos relacionados con la alimentación. Y será el escaparate de la capacidad innovadora de un sector que tiene poco que envidiar de otros que percibimos más relacionados con las tecnologías punteras.

Instrumentos de gestión

Pero no hay que olvidar que en el sistema alimentario deben tenerse en cuenta los espacios donde se producen alimentos, y en este sentido el planeamiento territorial -hoy en día en revisión- resulta clave para delimitar, preservar y dotar de instrumentos de gestión a los espacios agrícolas. Que debemos contar con personas que se dediquen a trabajar esas tierras y producir alimentos y que, por tanto, es necesario incentivar el relevo generacional entre los agricultores. Que no es de recibo que resulte más fácil encontrar en un comercio alimentario de nuestras calles frutas procedentes de otros continentes que hortalizas del Baix Llobregat. Que debemos asegurar que los comedores escolares, hospitalarios e incluso las máquinas de vending de los equipamientos públicos ofrezcan alimentos sanos y nutritivos. Que con la comida que desechamos en un año en Catalunya se alimentarían 500.000 personas, mientras el 22% de la población tiene problemas para acceder de forma regular a una alimentación suficiente.

En definitiva, se hace imprescindible abordar una mejor comprensión del funcionamiento del sistema alimentario metropolitano para poder planificar unas políticas alimentarias adecuadas. En este sentido, desde el Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona promovemos a lo largo de 2018 la adopción de una Carta Alimentaria Metropolitana por parte de las administraciones públicas, empresas y organizaciones ciudadanas para compartir visión, objetivos y una batería de proyectos que contribuyan a avanzar hacia un sistema alimentario más resiliente, sostenible y capaz de proporcionar alimentos más sanos, limpios y justos para todos.

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