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LOS EFECTOS DE LA PRODUCCIÓN ALIMENTARIA

Cría de cerdos, maltrato animal y salud humana

Carlos Alberto González-Svatetz

Reducir el consumo de carnes rojas es necesario para disminuir la demanda de productos de origen animal, mitigar el cambio climático y mejorar nuestra salud

Las crudas imágenes del pasado programa de TV de Jordi Évole sobre la cría de cerdos, conmocionaron al espectador,  especialmente a  las personas más sensibles al sufrimiento animal. Mostraron como la producción intensiva e  industrial de carne,  somete a los animales a un hacinamiento y sufrimiento que atenta con el bienestar animal. El proceso de concentración de la producción en forma industrial es enorme y cada vez más en cadenas de grandes explotaciones. La media de cerdos por explotación pasó en España de 122 en 1999 a 467 en 2013.

La industria cárnica, ha sufrido múltiples crisis en los últimos años. La crisis de las vacas locas, las intoxicaciones por dioxinas en piensos, la gripe aviar, el abuso en el uso de antibióticos,  el reconocimiento de los embutidos como productos cancerígenos por la OMS y ahora el maltrato animal.  No es  de extrañar que genere una profunda desconfianza y crece, como consecuencia, cada vez más el número de vegetarianos y veganos en la población, especialmente en gente joven. 

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Pero la cría animal,  tiene otras profundas implicaciones sociales y ambientales, por el impacto en el cambio climático. La agricultura  genera un 30 % de la producción de gases de efecto invernadero (GEI), que son los causantes del cambio climático. La ganadería, incluyendo el transporte y alimentación de ganado, representa el 80 % de los GEI que se ocasionan en la agricultura. Según la FAO, un 35 % de los GEI de la agricultura y ganadería,  se origina por la eliminación de bosques (que captan el CO2, el más común de los GEI, producido por los combustibles fósiles) para dedicar tierra al pastoreo y producción de cereales para piensos (un 35 % de la producción mundial de granos se dedica a la alimentación animal); un 30% por la fermentación del estiércol (que produce N2O y metano otros de los GEI)  generado por la ganadería; un 25 % por la fermentación entérica de los rumiantes (que producen metano);  y un 3.4 % por  el uso de fertilizantes nitrogenados (N2O). 

GEI y purines

La producción de GEI es distinta según el tipo de carne. De acuerdo con la FAO, la producción de carne vacuna, genera tres veces más GEI que la de oveja y cerdos, y 30 veces más  que la carne de pollo. La formación entérica de metano se forma casi exclusivamente por el ganado vacuno (incluyendo vacas lecheras).mientras que el del estiércol, proviene en partes iguales del ganado vacuno y de la producción de cerdos.

La cría de cerdos genera además purines, que se vierten en  campos y contaminan los acuíferos y manantiales con nitratos. Hay comarcas en Catalunya, con niveles de contaminación de nitratos que superan los límites máximos establecidos por la OMS.  Por otro lado, la producción de carne requiere un consumo enorme de agua. Se estima que para producir un kilo de carne vacuna se requiere 15.000 litros de agua. 

La producción de un gramo de proteínas vegetales (legumbres) genera 250 veces menos emisiones de GEI que la  de un gramo de carne y requiere menor consumo de agua

La producción de alimentos vegetales, especialmente de productos de proximidad (el transporte de larga distancia produce altos niveles de contaminación de CO2 y NO2), es más sostenible con el medio ambiente y comparativamente produce mucho menos GEI. La producción de un  gramo de proteínas vegetales (legumbres) genera 250 veces menos emisiones de GEI que la  de un gramo de carne y requiere un  menor consumo de agua. Cambiar el patrón de una dieta basada en productos animales a una basada en productos vegetales podría reducir entre un 20 a un 30 % la producción de GEI.

Cuestión de salud

Hay que tener en cuenta además los distintos efectos sobre la salud humana de las carnes y los productos vegetales. La OMS, y todas las guías de nutrición, recomiendan un consumo limitado de carnes rojas (vacuno, cerdo y cordero) de menos de 500 gramos por semana. Por el contrario, los datos de consumo de nuestro país indican un consumo que puede ser de dos a tres veces superior a lo recomendado. 

El exceso de consumo de carnes rojas, y productos de origen animal tiene un efecto perjudicial para la salud. Está científicamente comprobado que seguir una dieta a base de alimentos vegetales, como la dieta mediterránea o vegetariana, comporta un menor riesgo de obesidad, de diabetes tipo 2, de enfermedades cardiovasculares, así como de algunos tipos de cáncer.

Reducir el consumo de carnes rojas es necesario para disminuir la demanda de productos de origen animal, lo que puede ser beneficioso para reducir su sufrimiento, pero es uno de nuestros principales aportes para mitigar el cambio climático, hacer nuestro planeta más sostenible, y  lo que es muy importante, para mejorar nuestra salud. 

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