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AL CONTADO

Pintada a favor de la huelga feminista en una calle de Valencia

MIGUEL LORENZO

La huelga que abre una brecha

Agustí Sala

Resulta incomprensible que aún haya quien prefiere frenar el desarollo laboral y profesional de la mitad de la humanidad

De "un antes y un después" hablaban los sindicatos convocantes de los paros del 8 de marzo (8-M)CCOO UGT,  en defensa de los derechos de las mujeres y la igualdad de oportunidades con respecto a los hombres. El tiempo dirá si se trata de expresiones huecas o si realmente ha calado en la sociedad la conciencia de que existe un problema.

Lo hay. Eso creo que nadie puede negarlo. Y se traduce en unos salarios que para las mujeres en su conjunto son inferiores que los de los hombres. No es que se cobre menos por el mismo trabajo -eso está complemente prohibido-, sino que una serie de circunstancias hacen que las trabajadoras acaben embolsándose menos dinero que sus compañeros.

Complementos pluses ligados a actividades más masculinizadas, de los que carecen otras más feminizadas constituyen un claro ejemplo de la discriminación. Unas veces por circunstancias que solo movimientos de protesta pueden acabar cambiando y otras veces por frenos en la carrera profesional, forzados o autoimpuestos (el famoso techo de cristal), dan como resultado diferencias que a veces pueden resultar enormes y que se trasladan también a las pensiones (menor ingreso supenor menor cotización y, por tanto, menor prestación). 

Protesta sin precedentes

No es solo un problema español sino global, como demuestra la generalización de las protestas en todo el planeta durante el Día de la Mujer Trabajadora. Para la ONU el diferencial que existe a escala global entre los salarios de los hombres y de las mujeres, del 23%, constituye "el mayor robo de la historia".

No es para menos. Por eso no extraña que el descontento se haya traducido en una jornada de protestas sin precedentes. Es una queja transversal por una serie de circunstancias que afectan a las mujeres por el mero hecho de serlo. Tratar de convertir la defensa de la igualdad de oportunidades en algo ligado a una ideología u otra es una gigantesco error, por no decir una aberración

Aunque es cierto que en los últimos años se ha avanzado (¡faltaría más!), no hay aun motivos para el conformismo. Se ha producido un verdadero avance en la incorporación de la mujer al mercado laboral en los últimos años, pero queda camino aún. Mucho.

Gusten o no, los postulados feministas despiertan las conciencias. Y es que resulta incomprensible que aún haya quien prefiera frenar el desarrollo laboral y profesional de la mitad de la humanidad. De ahí que con el 8-M se puede haber contribuido a cerrar una brecha, la salarial, y a abrir otra hacia reformas que mejorarán la sociedad, como ha sucedido con muchos de los avances impulsados de abajo hacia arriba.