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Análisis

Azafatas en Abu Dabi. 

SRDJAN SUKI (EFE)

No somos objetos, somos personas

Ana Bernal-Triviño

La igualdad no se consigue con trabajos adaptados a las exigencias del machismo. Se consigue respetándonos sin sexismo

Se publica que la Fórmula 1 prescindirá de las azafatas y comienza el escándalo. Contrasta el ruido de este tema con el silencio ante la desigualdad en el deporte, donde los logros femeninos son considerados de segunda; o los episodios de acoso que, de entrada, se ponen en duda. Los que callaron son los que defienden ahora a las azafatas, porque «están siempre calladas, sonríen y besan como triunfo final», me argumentaron ayer.

El Gobierno de Australia del sur decidió que este trabajo lo hicieran jóvenes promesas del deporte, lejos de un canon estético que afecta también a otras mujeres. No hace falta insistir en que se contratan cuerpos como reclamo. De lo contrario, con unas banderolas publicitarias bastaría. La igualdad no se consigue con trabajos adaptados a las exigencias del machismo. Se consigue respetándonos sin sexismo. Tampoco se logra con azafatos en campeonatos femeninos, porque no queremos convertir en trofeo a nadie.

Ayer leía: «¿Alguien ha preguntado a las azafatas?». No he visto nunca tanto interés por los derechos laborales de las mujeres, ni con las 'Kellys' –mujeres que limpian en hoteles– ni con las empleadas de hogar, ni con las científicas… Si ahora queréis defender los derechos laborales de todas las mujeres, preguntad vosotros. Hay muchas causas a las que sumarse. Eso sí, en ninguna cuenta el físico.

Ejercer libremente es cuestionable si estamos dominadas por un patriarcado que marca nuestra trayectoria laboral. ¿Elegimos libremente ser peor pagadas y asumir el 60% de los contratos temporales? ¿Asumimos libremente las tareas del hogar? ¿Asumimos libremente tener menos cargos de poder? No se elige en libertad cuando apenas hay salidas. Ayer decían que el feminismo dejaba en paro a estas mujeres, cuando es el machismo el que nos ha condenado, desde siglos, a la anulación y precariedad.

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Los avances tecnológicos han provocado que algunos trabajos se reconviertan o desaparezcan. Cuando son avances éticos se atacan si amenazan el 'negocio'. Sin ética continuarían los espectáculos de gladiadores o los de circo que sometían a burla enfermedades físicas. De reclamar tanto la libertad individual, un día se pedirá que la esclavitud sea legal porque los esclavos se quedaron sin trabajo. Los derechos humanos, los dejáis para otro día. 

Muñecas disponibles

No me tomaría esto en serio si no fuera porque el machismo nos ha hecho normalizar la cosificación hasta el punto de autocosificarnos para ser contratadas y aceptadas, porque no había otra opción. La liberación sexual no era la cosificación sexual.

Y no me tomaría esto en serio si no fuera porque la cosificación es la base de la cultura de la violación y del maltrato. Cuando somos objetos decorativos o excitantes, nos deshumanizan y humillan. Pasamos a ser vistas como trozos de carne o como muñecas hinchables a disposición. Y en cuanto nos deshumanizan, más posibilidades de recibir violencia. Y supongo que nadie desea eso… Salvo que la frase de «ante el maltrato, tolerancia cero» se use solo como eslogan para quedar bien.