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Apunte

Kevin Spacey nunca estuvo allí

Josep Maria Pou

Hago mías muchas de las reflexiones de Imma Sust en su columna de hace unos días en este mismo diario a propósito de lo que ocurre con aquellas personas sospechosas de acoso sexual y abuso de poder, en esa oleada que empezó con Harvey Weinstein y Kevin Spacey y que, por velocidad y volumen, va camino de convertirse en la madre de todas las olas, en tsunami justiciero.

Consciente de que piso terreno delicado, camino sobre las palabras como sobre las ascuas de una forja. Sopeso cuanto digo. Y digo: condena total para el abusador, sin paliativos. Y apoyo total a las víctimas del abuso. La comprensión de la que soy capaz va toda para ellas. Y ni un solo gramo para quienes, en posición preeminente, vejaron y humillaron. Para ellos, nada. Cero. Ni silencio, ni sigilo, ni oscuridad; antes al contrario, luz y taquígrafos a mansalva. Y el dictado de la justicia.

Cuidado con la doble moral, con la fiebre, el arrebato y los impulsos al hilo de la actualidad

Pero cuidado con la doble moral. Con la hipocresía. Con la fiebre, el arrebato y los impulsos al hilo de la actualidad. Incluso con intereses y campañas que se nos escapan. Cuidado con las reacciones extremas. Entiendo y respeto a las actrices que deciden no volver a trabajar con Woody Allen. O a los/las modelos que no piensan posar nunca jamás para Mario Testino. Pero me acuerdo de quienes, durante años han trabajado para Roman Polanski, por ejemplo, cuya condena por actitudes similares no puede ser ignorada por nadie.

Nadie ha retirado los lujosos libros de fotos de Terry Richardson o de Bruce Weber de los escaparates. Ni los vídeos de Bill Cosby de las estanterías. Por no hablar de Chaplin. En cambio, Sony Pictures y Ridley Scott han decidido que el trabajo de Kevin Spacey desaparezca de la película 'All the money in the world'. Borrado. Esfumado. A la basura. No existe. Corte aquí, corte allá, y lo que hizo el actor en dos meses lo repite otro en cuatro días: Spacey nunca estuvo allí.

Permítanme opinar que no me parece justo. Condeno a la persona, pero no tengo por qué condenar al actor. Y mucho menos al personaje de ficción nacido de su talento. 

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