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ANÁLISIS

Simeoni y Talamoni, tras entrevistarse con Philippe.

REUTERS / PHILIPPE WOJAZER

Macron escucha a los corsos

José A. Sorolla

Pese a la modestia de sus reivindicaciones, los nacionalistas de Córcega no conjugan el "tenim pressa" que tanto ha perjudicado a los independentistas catalanes

El presidente francés, Emmanuel Macron, y su Gobierno, dirigido por Édouard Philippe, están abiertos a abordar el problema corso después de que en las elecciones regionales del 3 y el 10 de diciembre pasados los nacionalistas arrasaran en las urnas y lograran una amplia mayoría absoluta. La nueva colectividad regional, que agrupa en una sola entidad a los dos antiguos departamentos de la isla, se constituyó el 2 de enero. Tres días después, Jacqueline Gourault, apodada 'Madame Corse' por estar encargada del dosier, se desplazó a Ajaccio para mantener el primer contacto con los dirigentes nacionalistas, que este lunes han sido recibidos en el palacio de Matignon por el primer ministro.

En una reunión de larga duración –más de dos horas–, el presidente corsoGilles Simeoni, y el presidente de la Asamblea regionalJean-Guy Talamoni, expusieron a Philippe sus aspiraciones, en un tono que quiere ser constructivo y en el que está descartada la prisa. Pese a la modestia de sus reivindicaciones, los nacionalistas corsos no conjugan el “tenim pressa” que tanto ha perjudicado a los independentistas catalanes. Pretenden iniciar en un plazo de tres años la redacción de un estatuto de autonomía para acceder al autogobierno en una década.

Líneas rojas

El Gobierno francés escucha las propuestas corsas con atención, sin estridencias, pero marca unas líneas rojas que no va a traspasar. Tres de las principales peticiones de los nacionalistas corsos topan con estas líneas rojas: la cooficialidad del idioma corso, la amnistía para los presos y el establecimiento del estatuto de residente, que primaría a los habitantes de la isla en cuestiones urbanísticas, de adquisiciones de propiedades por ejemplo. A la primera, París responde que “el idioma de la República es el francés” y que el corso ya se enseña en las escuelas como lengua regional. A la segunda, que “en una democracia no hay presos políticos” –la misma respuesta que tiene que escuchar el independentismo catalán–, y, a la tercera, que esa discriminación por el origen de las personas no se puede aceptar.

Otra de las aspiraciones corsas, sin embargo, una mención a la especificidad de la isla en la Constitución francesa, el Gobierno está dispuesto a aceptarla y para ello prepara un retoque constitucional en este semestre. Es factible también el acercamiento a cárceles corsas de condenados por terrorismo cuando existía el Frente Nacional de Liberación de Córcega (FNLC), extinguido en el 2014. Pero de este traslado será excluido Ivan Colonna, autor del asesinato del prefecto Claude Érignac, del que el 6 de febrero se cumplen 20 años. Macron ha elegido esta fecha para visitar la isla, un gesto significativo de lo que su Gobierno no va a permitir, aunque aproveche la estancia para anunciar los avances en las conversaciones.

Así están las cosas. Está muy bien que algunos independentistas catalanes elogien a Macron por el diálogo con el nacionalismo corso, pero ocultan las enormes diferencias entre lo que proponen unos y lo que pretenden los otros, incluso sin importarles saltarse las leyes.

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