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AL CONTRATAQUE

El milagro fallido

Ana Pastor

Entramos en territorio desconocido y muy preocupante. Y ese territorio es la calle, donde se vive con miedo cómo se aplicará el 155. El milagro no se produjo. Nuestro país está partido. Otra vez. Y ya no tiene remedio

El milagro pudo ser posible. Durante unas horas algunos creímos que había una solución. Que el dialogo entre el Gobierno catalán y Moncloa empezaba a funcionar. Sabíamos que había contactos indirectos. Sabíamos que gente como el conseller, ya dimitido, Santi Vila, ha mantenido durante semanas un hilo de comunicación a través de la presidenta del Congreso, Ana Pastor, una dirigente política muy cercana a Mariano Rajoy.

La madrugada del miércoles al jueves, después de una larguísima reunión de Carles Puigdemont con su equipo, el Govern trasladó a Madrid que aceptaban convocar elecciones y, por tanto, parar de verdad las máquinas. Algunos pensaron que Puigdemont había aceptado humillarse para evitar todo lo que podía venir detrás. Que se inmolaba para evitar que Madrid acabara con el autogobierno catalán.

A primera hora de la mañana del jueves, en el Palau de la Generalitat ya sabían que Moncloa no iba a dar marcha atrás al artículo 155 de la Constitución. Aún así creyeron que habría algún gesto y Puigdemont mantuvo su intención de anunciar elecciones en Catalunya. Se lo comunicó a sus socios de la CUP en una llamada de teléfono a las 11.27 minutos de la mañana. Incluso convocó a los medios para hacer una declaración institucional y anunciar a las 13.30 los comicios. ¿Qué pasó después? El pánico. El 'president' se dio cuenta de que Madrid no haría nada y que, no solo iba a ser tildado de traidor por los suyos, sino que no serviría para nada. Ni las cartas, ni las llamadas, ni los contactos. Nada.

El país, otra vez partido

Con los medios ya esperando, hizo varias llamadas a algunos de los nombres que han jugado un papel muy importante en estos días: Miquel Iceta y el lehendakari Íñigo Urkullu. Pidió que Moncloa hiciera un gesto antes de saltar a lo que entre los independentistas se consideraba el abismo. Al otro lado del teléfono, los 'mediadores' lo intentaron. También lo intentó Pablo Iglesias hablando con Rajoy y Puigdemont por mensaje en las horas clave. Pero en Madrid no se quiso escuchar. No se fiaban. Se trasladó que tomarían decisiones y que, en cualquier caso, el 155 se aprobaría en el Senado aunque luego se modulara su aplicación. Pasó la hora de la declaración oficial de Puigdemont y se anunció un retraso. El milagro no llegó. Y se suspendió la comparencia. No hubo anuncio de elecciones.

Y ahora el Parlament ya ha votado a petición de Junts Pel Sí y de la CUP lo que durante un tiempo se había frenado: una declaración de independencia. Entramos en territorio desconocido y muy preocupante. Y ese territorio es la calle, donde se vive con miedo cómo se aplicará el 155. Lluís Llach me decía que estaba alegre pero también triste por lo que viene. El milagro no se produjo. Nuestro país está partido. Otra vez. Y ya no tiene remedio. 

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