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Dos miradas

Me acompaña la herencia de haber pasado la infancia viendo películas de Fred Astaire, que me gustaba más que Gene Kelly


Desde la primera vez que vi 'La La Land' que no paro de ejecutar los movimientos de Ryan Gosling justo en esta escena del mirador, con Los Ángeles a sus pies y a los de Emma Stone. Bueno, quiero decir que muevo los brazos como si estuvieran suspendidos en el aire -dando tumbos, planeando- y que intento hacer un poco de claqué y de acrobacias, subiéndome a una silla o a lo que pille por ahí. Lo repito en todas y cada una de las cenas a las que me invitan. Ahora, ya se han cansado un poco de mí, pero hubo un tiempo en que incluso me rogaban que fuera el músico que se enamora de la actriz.

Es la herencia de haber pasado la infancia viendo películas de Fred Astaire, que me gustaba más que Gene Kelly, porque me quedaba embelesado no solo con las piruetas o con el ritmo del papá que tenía las piernas largas, sino que imaginaba (llegué a imaginarlo) que el mundo era algo así como un colchón de plumas, donde el blanco era radiante y el negro, una excusa para que el blanco luciera más, sobre todo en los pianos de cola.

Opinión exprés

Los sueños rotos

Emma Riverola

Escritora

Saliendo de esa primera vez, le propuse a C que bailara conmigo. Y a fe que lo hicimos. Como cuando era pequeño. Solo puedes estar enamorado de alguien si te atreves a salir del cine y correr como un poseso hasta la primera escalera que encuentres para bajarla después marcando los pasos con 'swing'. Y que ella esté allí.