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Análisis

El 'impeachment' tendrá que esperar

Ramón Lobo

Aunque el puzle del Rusiagate empieza a tomar forma, se equivocan quienes afirman que el 'impeachment' (proceso de destitución) es cuestión de meses. El Watergate exigió más de dos años de investigaciones antes de lograr la dimisión de Richard Nixon. Nadie duda de que el presidente de EEUU ha tenido una semana horrible, con su primogénito Donald Trump junior en el centro del huracán, pero falta por probar lo esencial: ¿estaba Donald Trump senior al tanto de los tejemanejes para desacreditar a Hillary Clinton?

Una cascada de exclusivas, filtraciones, revelaciones y torpezas han confirmado que en junio de 2016, poco antes de la proclamación de los candidatos, hubo una reunión en la Trump Tower a la que asistieron Trump junior, su cuñado Jared Kushner, el entonces jefe de campaña Paul Manafort y dos personas cercanas al Kremlin, el publicista Rob Goldstone y la abogada Natalia Veselnitskaya, que informó de que los rusos tenían un material que podría dañar a la candidata demócrata. Hubo un sexto participante: el lobista Rinat Akhmetshin, a quien los servicios de inteligencia de EEUU consideran un exespía ruso.

Sabemos que el imprudente junior dijo que el asunto le iba a encantar a su padre, pese a que hoy sostiene que su progenitor no supo nada de una reunión que se celebró en su cuartel general. Un mes después de aquella reunión en Nueva York se produjo el hackeo de los servidores del Partido Demócrata. Wikileaks dosificó la publicación de los 19.252 correos electrónicos y los 8.034 archivos adjuntos robados para enmarañar la campaña de Hillary.

En el Watergate fueron determinantes las revelaciones de “garganta profunda”, que guió a los periodistas del 'The Washington Post' Bob Woodward y Carl Bernstein. Esta vez, al Post se le une el 'The New York Times', autor de varias exclusivas sobre la reunión en la Trump Tower. La segunda clave en Nixon fueron sus colaboradores. Según perdían la inmunidad recuperaban la memoria. Trump está mejor protegido: dos de los señalados son parte de su familia.

La investigación del fiscal especial Robert Mueller avanza de manera lenta y discreta. Su misión no es competir en primicias con los medios sino armar un caso sólido, probar más allá de toda duda razonable que el presidente ha violado la ley.

Estamos a escasos días de que se cumplan los primeros seis meses de Trump en la Casa Blanca. Tenemos más material para sacar conclusiones. De momento hay dos opciones: estamos ante un genio de la comunicación (léase manipulación) o ante un cretino con una edad mental de un niño de diez años. Ambas pueden convivir sin problemas en Trump.

BASE RADICALIZADA

El ruido del Rusiagate no afecta a los seguidores del presidente. Su base electoral sigue intacta y cada vez más radicalizada. Trump ha logrado elevar el “fake news” a la categoría de ideología nacional. Todo lo que no le conviene es un montaje de unos medios que tilda de corruptos. La mitad de sus votantes cree que los periodistas se inventan las citas anónimas.

Trump cuenta de manera incondicional con la cadena Fox News, el locutor radiofónico Rush LimbaughBreitbart e Infowars. Esta última premia la impresión de camisetas con lemas como “CNN terroristas”, “CNN el peor enemigo”, o “CNN es ISISW. El dueño de Infowars, Alex Jones, ha pasado a todos por la derecha. Es un incendiario a la disposición de un presidente agitador que tiene Twitter como arma de guerra. Desde su cuenta, con más de 33 millones de seguidores, insulta a sus enemigos reales y ficticios, incluidos los franceses, hasta que han dejado de ser enemigos de manera súbita en las celebraciones del 14 de julio en París.

La Casa Blanca es un caos desde el minuto uno, cuando discutió la cifra de asistentes a la toma de posesión. Resulta complicado de vender logros porque no los hay. No ha conseguido liquidar el Obamacare, pese a que dejaría sin sanidad a millones de estadounidenses pobres. Su partido está dividido entre los que quieren más sangre y los que piensan en las elecciones legislativas del 6 de noviembre de 2018. También hay una rebelión de gobernadores que deben pasar por las urnas.

Cada dos años se renueva la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Es difícil que se ponga en marcha un proceso de 'impeachment' antes de esa fecha. Trump mantendrá el control del Senado, pero en la Cámara baja podría haber sorpresas.

Depende de la movilización y de los demócratas, que siguen noqueados, sin respuesta política a la marea trumpista. Carecen de una figura de arrastre más allá del senador Bernie Sanders convertido en referencia ética. Es difícil que Sanders triunfe en un país en el que el principal valor económico es la insolidaridad.

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