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Imagen del cuadro de nivel de alerta antiterrorista en la página web del Ministerio del Interior, fijado actualmente en nivel cuatro.

WEB DEL MINISTERIO DEL INTERIOR

Alerta cuatro

Joan Subirats

Sería conveniente que fuéramos educándonos en el tema de las emergencias y desarrollando un poco más nuestras capacidades sociales para hacer frente a los riesgos

En los últimos días, a la amenaza del terrorismo de alta o baja intensidad, hemos de añadir la sensación que cualquier catástrofe natural o provocada puede acabar siendo enormemente trágica. Nos van recordando –día si, día no– que estamos en el nivel cuatro de alerta antiterrorista. En época de verbenas, nos advierten que el peligro de desgracias resulta extremo. Los incendios de la torre Grenfell de Londres o de los bosques de Portugal, a pesar de que tienen poco que ver, han extremado la sensación de peligro. A los que vivimos en ciudades de alta densidad, como Barcelona y su área metropolitana, no hay día que no veamos y seamos advertidos de los riesgos que corremos caminando o circulando por calles llenas de partículas que van erosionando nuestra salud.

Podríamos decir que la sensación general es que estamos en el nivel cuatro de cualquier cosa que acabará desplomándose sobre nosotros. La escala Richter al menos tiene más dígitos y permite ver con cierta tranquilidad que lo del Castor 'solo' fue cuatro de una escala de 0 a 12 (siendo 12 la fractura del planeta Tierra). Hay una escala Beaufort para velocidad del viento en alta mar que va también de 0 a 12. Con lo cual lo de nivel cuatro puede parecer poco, pero proyectado en la escala de terremotos sería similar al que llegó a arrasar la ciudad de México en 1985 o a un temporal fuerte en la escala marítima de mal tiempo.

Lo de las escalas refuerza la idea de que la seguridad es un tema estrictamente técnico. De especialistas. Cuando, en cambio, sería conveniente que fuéramos educándonos en el tema de las emergencias y desarrollando un poco más nuestras capacidades sociales para hacer frente a los riesgos. No es que un país como Cuba me parezca un ejemplo a seguir en todo, pero en este tema es evidente que a lo largo de los años han logrado que sea el lugar del Caribe en el que las recurrentes emergencias provocadas por ciclones o huracanes haya generado menos víctimas y destrozos. Y ello tiene que ver más con la construcción colectiva de capacidad de respuesta que con el sesgo ideológico de su gobierno.