10 abr 2020

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Trump, durante su visita a las instalaciones de Boeing, en North Charleston (Carolina del Sur), junto al gobernador Henry McMaster (izquierda), este viernes.

AP / SUSAN WALSH

Ignorantes

Emma Riverola

En una época en la que la información fluye como nunca, la atracción por la mentira es poderosa

Donald Trump se inventa un atentado en Suecia que nunca ocurrió y Eduardo Inda asegura que en Catalunya existe un "nivel de violencia que no se ha vivido ni en el País Vasco de los años duros". Por suerte, Inda no parece que quiera hacer carrera política, se contenta con ser un despreciable intoxicador a quien no le importa jugar con las muertes ni el dolor ajeno para mantener cuota de pantalla. Adicto a sus excrecencias y al tufo que provocan, su último exabrupto le confirma como un vividor que se alimenta de su carencia de escrúpulos.

Trump e Inda. ¿Hay alguna similitud más entre ambos personajes? Probablemente no, pero sí la hay en nosotros. En los ciudadanos que votan a un hombre con graves problemas mentales (así lo diagnostican 35 psiquiatras estadounidenses), un personaje que miente constantemente y que apuntala su superioridad en la humillación de los otros, y los espectadores que aplauden a un ser vil que ha hecho del insulto y los embustes un modo de vida.

ALIENACIÓN VOLUNTARIA

En una época en la que la información fluye como nunca, la atracción por la mentira es poderosa. Quizá es el efecto rebote de los engaños de los poderosos, quizá es que ya no creemos a nadie y, puestos a escuchar, elegimos al más entretenido. O puede que todo sea más perverso y que hayamos creído que la verdad no es un valor sino, simplemente, un producto que elegimos según nuestros propios intereses. Un paso más hacia la alienación de la ignorancia voluntaria