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Messi, con gesto serio, en un momento del partido contra el Villarreal.

JUAN CARLOS CARDENAS

«De repente, llega el gol y vos te ganaste la vida»

David Torras

"Hay jugadores que están en mi cabeza como están los poetas. Me voy a dormir y me acuerdo de ellos como me acuerdo de un soneto». Lo dijo alguien que acaba de marcharse pero que siempre estará ahí. Las palabras no mueren, como tantas otras cosas, y Ricardo Piglia es uno de esos nombres que siempre valdrá la pena recordar. Y releer.

Piglia era argentino, como Messi, aunque es probable que uno sepa mucho más del otro y no es difícil adivinar quién, pero los dos han convivido con las comparaciones en un país apasionado por el verbo y la pelota. Leo con la de Maradona, ante la que calla y juega. Piglia con la de Borges, ante la que sonreía y escribía. Mientras Borges vivía y él intentaba parecerse a él sabiendo que nunca lo sería, describía esa sensación precisamente mirando al campo: «Era como jugar al lado de Messi Maradona». 

Piglia nunca se sintió cerca de Borges, de la misma manera que nadie puede sentirse cerca de Messi por más Balones de Oro que tenga. Aunque no se lo propusiera, aunque no haya oído hablar nunca de Emilio Renzi ni de Respiración ArtificialLeo escribió a su manera una gran obra, uno de esos momentos en los que debió pensar Piglia cuando evocaba a futbolistas poetas. Ese gol de falta tuvo mucho de poético, de soneto que diría él y que recordaría al acostarse.

«Que el arte es la inminencia de la felicidad yo lo veo en el fútbol con el gol. Esperamos ese momento que no llega nunca. Estás atento a la epifanía del gol. No pasa nada en 90 minutos; y de repente, llega el gol y vos te ganaste la vida», decía. La vida se la dio Messi, como tantas y tantas veces, como en Bilbao hace tres días. en ese lanzamiento después de que poco antes ya estuviera cerca en un remate al poste. Pasaron muchas cosas en los 90 minutos, pero ninguna como la de ese minuto 90. La vida. Para el Barça, un poco de vida.

«No se desapasionen porque la pasión es el único vínculo que tenemos con la verdad», es una de las citas preferidas de Piglia. Quizá al Barça no le falta pasión y menos a Messi, uno de los que más se rebeló contra la derrota y los elementos, el árbitro en especial, un enemigo permanente en San Mamés y en Vila-real. Pero algo ha perdido.

«Las cosas nunca salen como uno las piensa, la suerte es más importante que el coraje, más importante que la inteligencia y las medidas de seguridad». Al Barça no le acompaña demasiado últimamente y, frente a la adversidad, parece que cada vez le cuesta más encontrar caminos alternativos. Messi siempre está, pero a veces no basta. Ni siquiera cuando el equipo se merece algo más como en Vila-real aunque ofrezca menos que hace un tiempo, y haya piezas nuevas que no acaban de encontrar su papel en esta historia y dejen la sensación de que igual no lo encuentran nunca. 

«Vamo vamo los pibes, vamo vamo los pibes es el grito de guerra en las tribunas argentinas pero también es el pedido desesperado para que vuelva a aparecer uno de esos jugadores que justifican ir a la cancha. Como si un día los lectores se juntaran –en la Feria del Libro de Madrid o de Guadalajara o de Buenos Aires o en el exclusivo Salón du Livre de Paris– y gritaran ¡Queremos un Rimbaud! ¡Queremos un Rimbaud!». 

Messi no hace falta que se lo pidan a gritos. Por algo era uno de los poetas preferidos de Piglia