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Análisis

Memoria de una capital europea

Andreu Pujol Mas

La exposición 'Franco, Victoria, República' comienza con una polémica que se arrastra hace meses. Es positivo que las manifestaciones culturales generen un interés, especialmente aquellas que fomentan la reflexión, pero en este caso lo que ha centrado la atención no es tanto el contenido de la exposición como el espacio escogido para hacerla. Es evidente que el gobierno de Barcelona no profesa ninguna simpatía por Franco y decir que poner su estatua ecuestre en la vía pública es hacer apología del fascismo es prescindir del contexto para barrer para casa.

Más allá de eso, el Born, por su carga simbólica, se ha convertido en un lugar de memoria del conflicto de la Guerra de Sucesión para la sociedad catalana. Un conflicto que, como todos sabemos, tuvo unas consecuencias que iban mucho más allá de una cuestión dinástica y que supuso la pérdida de las instituciones catalanas, así como una política de represión cultural innegable.

Conviene recordar que se trataba de dominar el país «borrándoles de la memoria a los catalanes todo aquello que pueda conformarse con sus antiguas abolidas constituciones», tal como se dijo en el Consejo de Castilla. En el Born, no sé ni si es necesario mencionarlo, está el Fossar de les Moreres pero también los restos arqueológicos de un barrio destruido por la represión borbónica, un símbolo que sobrepasa su valor material.

Las sociedades necesitan, desde los tiempos más remotos, recordar a aquellos que lucharon o sufrieron en nombre de las libertades de la comunidad para elaborar un relato que las mantenga cohesionadas.

Pienso en el 490 a. C. y en el montículo que hay en Maratón donde quedan los hoplitas atenienses que murieron en la lucha contra los persas. Me remito al discurso que hizo Pericles, gobernante de la ciudad griega, explicando que aquellos soldados habían dado la vida «por Atenas y por todos nosotros». En las sociedades contemporáneas este tipo de prácticas aún son bien vigentes. Fijémonos en el monumento al Dos de Mayo de Madrid, en el Arco de Triunfo de París y su tumba al soldado desconocido o en el Cenotafio de Whitehall, en Londres. Difícilmente ningún gobierno local, por más despreocupado que fuera en este tipo de asuntos, se dedicaría a hacer inventos en alguno de los monumentos que hemos enumerado.

Si aquí pasan este tipo de cosas es porque hay un interés en relativizar la importancia del Born como memorial de una realidad nacional: es más cómodo aguarlo que buscar respuesta a las preguntas que genera.

HACER EXPERIMENTOS

Que Ada Colau afirme en un mitin de Podemos que «Madrid puede volver a ser nuestra capital» o que Jaume Collboni señale que «el Born Centre Cultural es el Valle de los Caídos del independentismo» explica muy bien una manera de entender la ciudad que va en consonancia con el hacer experimentos en un lugar donde se conmemora la desaparición de Barcelona como capital europea. Al final, lo que hacen es un flaco favor a la ciudad que gobiernan, condenándola al provincianismo.

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