5
Se lee en minutos
Mariano Rajoy interviene en el Congreso en la segunda votación del debate de investidura, que acabó perdiendo.

Mariano Rajoy interviene en el Congreso en la segunda votación del debate de investidura, que acabó perdiendo. / JOSE LUIS ROCA

España celebró elecciones el 20 de diciembre del 2015. Nueve meses después sigue sin gobierno. A medio plazo, esta interinidad puede ser muy negativa. Y la situación se ha complicado, pues el viernes el candidato de la fuerza mas votada perdió el debate de investidura. El mundo económico y empresarial está preocupado y el viernes 'Expansión', el primer diario económico, abría su portada con rotundidad: “Clamor empresarial contra unas terceras elecciones”. El presidente de la patronal madrileña, Juan Pablo Lázaro, concluía: “España está dando imagen de falta de estabilidad”.

Los dos primeros diarios (enemigos) de Madrid -'El País' y 'El Mundo'- coincidían titulando que “el portazo de Pedro Sánchez” aboca a unas nuevas elecciones. Y el editorial de 'El País' dijo: “O Sánchez sale de su incoherencia o será responsable de repetir elecciones”. Luis de Guindos, el ministro más sensato, ha dicho con desparpajo que el mercado de capitales español quedaría  paralizado porque el 5 de octubre caduca el mandato de los dirigentes de la Corporación Nacional del Mercado de Valores y un gobierno en funciones no puede sustituirlos.

EL FIN DEL BIPARTIDISMO

Está claro que los líderes de los dos grandes partidos son responsables del impás, pero la exclusiva culpabilización del líder socialista -comprensible en el 'agit prop' del PP- es más falsa que exagerada. Formar gobierno es más complejo tras el fin del bipartidismo, cuando la presencia de cuatro partidos -más los nacionalistas- hace que nadie se acerque a la mayoría absoluta.

La primera condición para formar gobierno es que el candidato -normalmente el líder de la fuerza mas votada- se presente a la sesión de investidura. Pues bien -contra toda lógica-, el líder del PP no aceptó el encargo real y no lo hizo tras el 20-D. Sí se presentó- luego- el líder socialista, que fue derrotado el 6 de noviembre con 131 votos favorables (PSOE y C¿s) y más del doble en contra, del PP junto a Podemos y los independentistas. El 26-J se celebraron nuevas elecciones y el PP volvió a ser la fuerza mas votada y mejoró resultados. Pese a ello, Mariano Rajoy volvió a dudar en aceptar la candidatura y solo lo hizo tras la firma de un pacto con C's que le garantizaba 170 votos a favor.

El líder del PP se ha presentado a la investidura ocho meses después de lo normal. No es sensato pues acusar al líder socialista de ser el gran culpable del retraso. Claro, si Sánchez se hubiera abstenido, hoy el asunto estaría zanjado. Pero creer que el PSOE -que ha encarnado a la izquierda, que quiere ser la oposición a la derecha y que está atacado por Podemos (recuerden lo de PPPSOE)- facilitaría a la primera de cambio la investidura de un candidato del PP -debilitado por los conflictos institucionales de su legislatura con mayoría absoluta (no solo Catalunya) y por el 'caso Bárcenas'- es ignorar tanto el papel de la oposición en un sistema democrático como la actitud de José María Aznar y Rajoy ante Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero.

Ni el PP ni el PSOE  tienen la fuerza suficiente para imponerse, pero se niegan a aceptar un 'mal arreglo'

Si el 6 de marzo el derrotado hubiera sido Rajoy y no Sánchez -como aconsejaba la lógica política- nos habríamos ahorrado mucho tiempo, quizás se habrían evitado las segundas elecciones y se podría haber buscado -con menos crispación- un 'mal arreglo', porque está claro que de parlamentos tan fraccionados -el del 20-D y el actual- no es posible que salga un ejecutivo estable y coherente. Quizás algunos que alentaron a Podemos -o a C's- añoren hoy el bipartidismo.

La gran pregunta es por qué el líder del PP ha tardado nueve meses en presentar su candidatura. La razón es que no quería perder. ¿Por prepotencia? ¿Sabía que Pablo Iglesias, en busca del 'sorpasso', no votaría a Sánchez? ¿Apostaba a que unas segundas elecciones le irían mejor y que al final el PSOE, acusado de ser el culpable del desgobierno, se tendría que abstener?

La clave, quizas inconfesable,  es por qué Rajoy ha tardado nueve meses en presentarse a la investidura

Lo cierto es que no ha buscado el pacto, sino que ha apostado a que al final tanto C's como el PSOE tendrían que ceder. Con C's, partido de centro y con vocación de bisagra, lo ha logrado. Asumiendo pecados. Con el PSOE, no. Si la alternativa a la derecha no debe ser Podemos, un partido populista y antisistema, era absurdo pretender que el PSOE coronara -a la primera- a Rajoy. Rajoy ha aprobado en economía pero no ha negociado nada. La democracia exige saber pactar y el líder del PP no ha buscado pactar sino imponerse. No negoció la presidencia de las Cortes -extraño en quien decía querer la gran coalición- y fijó una fecha 'barroca' para las terceras elecciones. Xavier García Albiol, el ingenuo líder del PPC, reveló la oscura intención: “A ver si ahora Sánchez tiene narices de hacer ir a votar a los españoles el día de Navidad”.

Noticias relacionadas

El tiempo se agota. Poco se avanzará hasta el 25-S, día de elecciones en Galicia y Euskadi. Creo que ni el PP (170 escaños con Albert Rivera) ni el PSOE (85 escaños y escasez de aliados) pueden imponerse. Pero Rajoy y Sánchez piensan lo contrario. Rajoy ha dicho: póquer de ases. Y Sánchez, al que la derecha califica de desastre total pero que contra el pronóstico unánime evitó el 'sorpasso', ha contestado: lo veo.

El gobierno que propone el pintor Antonio López: sí, pero ¡uf!

Tercera opción. Gobierno del cambio por el pacto PSOE-Podemos-C's. Lo pide un grupo liderado por el gran pintor Antonio López, Joan Baldoví, diputado de Compromís, Gaspar Llamazares, Antonio Gutiérrez, exlíder de CCOO, José Ángel Cuerda, que fue alcalde del PNV (Vitoria), y gente de la cultura. Sánchez ya intentó algo así, Rivera lo toleró, pero Iglesias vetó a C's. Y sin C's no hay mayoría operativa. ¡Uf!, oyéndolo el miércoles, temo que reincida. Los profetas son poco de fiar.