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Se colocaron en un rincón de la plaza Sant Jaume. Empezaron a depositar en el suelo sus pancartas sábanas con frases escritas encima: "Justicia para Berta", "Basta de impunidad!", "Todos somos Berta". Quizá llegaron a ser un centenar de personas.

Berta Cáceres era una activista por los derechos humanos que, en 1993, había participado en la creación del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) y ahora era su coordinadora. Esta plataforma se ha caracterizado por la lucha en defensa del medio ambiente y los derechos de las comunidades indígenas. Ella era de la comunidad lenca. La asesinaron a tiros mientras dormía, la madrugada del pasado jueves. Dos días antes de que cumpliera 43 años.

Una semana antes había denunciado en una rueda de prensa el asesinato de cuatro dirigentes lencas que se oponían, como ella, al proyecto hidroeléctrico 'Agua Zarca', impulsado por la empresa china 'Sinohydro' y la firma hondureña 'Desarrollo Energético Sociedad Anónima', con el apoyo del Banco Mundial.

Sabía que iban a por ella. Había recibido numerosas amenazas de muerte. También habían amenazado a sus familiares. Tenía muchos enemigos poderosos. Se había opuesto al golpe de Estado que sacó del poder a Manuel Zelaya, en 2009. Hace dos años denunció la voluntad de Estados Unidos de construir en Honduras la base militar más grande de América Latina. En abril del año pasado había recibido el prestigioso premio Goldman, que distingue a los defensores del medio ambiente.

La protección que le había otorgado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no fue suficiente. Dos hombres armados entraron en el domicilio donde dormía esa noche, en la ciudad de La Esperanza, a unos 300 kilómetros de la capital, Tegucigalpa, y la mataron a tiros. También hirieron al activista mejicano Gustavo Franco.

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'Global Witness' ha denunciado que entre 2002 y 2014 fueron asesinados 111 ambientalistas en Honduras.

Los que pagaron los servicios de sus asesinos confían en que Berta Cáceres sea sólo una más en este listado de crímenes impunes. Entre lágrimas, los que la querían gritaban, en la concentración de la plaza de Santiago, y en la que habían hecho por la mañana ante el consulado de Honduras en Barcelona, "¡Berta Cáceres vive!".

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