DOS MIRADAS

#portesouvertes

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Fue una noche de horror. En las calles aún resonaban los tiros indiscriminados, las explosiones, el ulular de las ambulancias, los lamentos de los heridos y el silencio de los muertos. La policía había tomado París. Algunas calles estaban cortadas, también varias líneas de metro. Miles de hogares daban gracias a sus dioses por no haber perdido a nadie. Otros trataban de asimilar que sus vidas habían quedado marcadas para siempre por la ausencia.

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Mientras las calles respiraban pánico, impotencia y perplejidad, en Twitter empezó a circular un hashtag: #portesouvertes. Muchos parisinos estaban ofreciendo sus casas a los que habían quedado atrapados en alguna parte de la ciudad y no podrían regresar a la suya. Puertas abiertas. Tan simple. Tan inmenso.

Hay que tener mucho valor para esa noche abrir las puertas de tu casa. Para conjurar el dolor y el miedo y no parapetarte en la barricada del egoísmo. Hay que saber sentir por encima de las consigas del individualismo. Hay que estar empecinadamente resuelto a seguir tendiendo la mano a la solidaridad, a la fraternidad. A pesar de las voces que se alzan tratando de decirnos a qué víctimas tenemos que llorar y a cuáles debemos repudiar; a pesar de aquellos que amparándose en la seguridad solo quieren alentar la xenofobia; a pesar de la oscura crueldad, de la profunda tristeza, de las calles heridas, la noche del viernes, una noche de duelo, la humanidad siguió latiendo.