'Homenot' de una pieza

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'Homenot' de una pieza

A lo largo de los años, he mantenido con  José Manuel Lara Bosch una relación intermitente pero muy cordial. Siempre le he considerado un editor vocacional y un gran empresario. A menudo, los grandes empresarios dedican muy poco interés a los libros cuyo margen de beneficio acostumbra a ser escaso, pero él no era así.  En lo personal se mostraba como un hombre extremadamente franco, sin pelos en la lengua, que te trasmitía una gran  sensación de confianza. Está claro que podías estar o no de acuerdo con sus opiniones, pero él era de una pieza.

Le conocí cuando éramos jovenes y le traté bastante a través del padre de mi amigo Carlos Durán, director de cine de la Escuela de Barcelona, que tenía una encuadernadora y el padre de José Manuel Lara Bosch, José Manuel Lara Hernández, era su cliente principal.

Hay una anécdota que define muy bien su talante. A principios de los 90, cuando en la colección de Narrativas Hispánicas de Anagrama descollaban muchos escritores, José Manuel Lara, padre, empezó a tentarlos, como era su costumbre, con cheques en blanco. Su empleado, Rafael Borrás, estuvo tanteando a Javier Marías y Carmen Martín Gaite los rechazó de plano. A fin de hablar de la situación quedé con el hijo para comer en el Windsor. Escuchó mis quejas y me dijo que ordenaría a Borrás no seguir pujando. «Somos tan grandes que a veces no nos damos cuenta del daño que hacemos», concluyó.

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Cuando el cierre de la distribuidora Enlace nos causó graves quebrantos dejé de verle. Y no fue hasta el pasado mes de octubre, coincidiendo con su premio en el Liber, que retomamos el contacto a través de un común amigo. Comimos  en la última planta del edificio Planeta y hablamos durante horas del oficio y de la situación del libro. «Mi ambición -me dijo entonces- es poder montar cuando me retire una pequeña editorial y ocuparme de ella artesanalmente. Si creáramos el sello Herralde-Lara dejaríamos a todo el mundo patidifuso». En la cena de homenaje de esa noche mencionó aquel deseo.

Su padre creó un emporio editorial pero él lo amplió con pasión y vocación internacionales. Si tuviera que definirle diría que se merecería uno de esos  retratos de personajes imprescindibles que tan bien supo hacer Josep Pla. José Manuel Lara era un homenot.